Columna de Alida Mayne-Nicholls: Patrick Modiano, nuevo Nobel de Literatura

No sé qué me llamó más la atención al leer los comentarios sobre el nuevo ganador del Nobel de este año: el hecho de que, aparentemente, todos lo habían leído o el que consideraran que se merecía el premio. Incluso alguno llegó a decir que “al fin” daban un premio merecido, lo que me deja un sinsabor, porque el año pasado el Nobel lo recibió Alice Munro, una escritora maravillosa. Y llegando a ese punto, debo comentar –aunque esto no me llama, lamentablemente la atención- que el espectro de quienes escribieron, comentaron y fueron buscados para opinar sobre el nuevo Nobel de Literatura eran todos hombres. O no hay mujeres que sean críticas literarias –y sí las hay/habemos- o el autor en cuestión solo tiene lectores y no lectoras. Al respecto solo se puede suponer, lanzar algunas preguntas al aire y dejarlas ahí con un último comentario: ojalá que el campo deje de ser tan marcadamente sexista.

Dicho eso: volvamos a Patrick Modiano. Primero lo obvio y biográfico: escritor francés de 69 años. Su nombre no era el favorito, aunque ya deberíamos saber que los “favoritos” para el Nobel terminan esquivándolo. De todas maneras, no era un nombre completamente alejado: reconocido, premiado (incluyendo el Goncourt), leído; aunque no mucho fuera de Francia; a propósito leí el comentario de un escritor inglés que hablaba de lo poco conocido que Modiano es en Gran Bretaña. Pero ser conocido poco tiene que ver con merecer un premio; después de todo no es un galardón a la popularidad.

Sobre su escritura, Modiano se ha volcado principalmente a la novela, aunque también hay en su carrera guiones cinematográficos y libros para niños. El comité del Premio Nobel lo llamó un Marcel Proust actual. De hecho, la memoria es la clave en su literatura, sea cual sea el género en el cual esté escribiendo. Y dentro de ello, la época de la Ocupación de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Podrá volcarse a la memoria, pero sus libros son más bien breves: para acceder a la memoria no es necesario llenar páginas de manera interminable; sino que tiene que ver con cómo se escribe. En el caso de Modiano, con movimientos sutiles, dando cuenta de sus personajes, formándolos con cuidado y accediendo a ellos también con cuidado; no hay nada de sopetón ni brusco ni tampoco dando lecciones. Tiene mucho sentido con una cita que encontré de él: “No soy historiador, soy novelista”. Cuando pienso en la memoria y en cómo guardarla, pienso también en todos esos elementos inasibles que no son susceptibles de ser archivados: los olores; la sensación de miedo, de alegría, de tristeza o de odio, también, por qué no; los colores del cielo. Eso le da forma a la memoria, pero también a la voz propia, por lo cual cada experiencia es diferente a la de los demás. A eso me ha recordado En el café de la juventud perdida de Modiano –que nos lleva no a los años 1940, sino a los 1960- y la cita que puse más arriba: llevarnos a experimentar en vez de darnos lecciones, de historia o de lo que sea.