Conoce el boom de las páginas de confesiones de Facebook

Por Jaime Liencura

Confesarse, al igual que hacer ejercicio o sacarse los zapatos de seguridad, puede conseguir que las personas se sientan mucho más livianas al final del día. Y esa es la tendencia que se está apoderando de las redes sociales durante este último tiempo. Porque han aparecido varias páginas de Facebook con declaraciones que no solo dejan contento a quien las hace, sino que también a quién las lee.

Es el caso del grupo Confesiones Metro de Santiago, lugar donde un administrador anónimo publica pequeñas historias de personas que usan el tren subterráneo para movilizarse. Aquí se abordan tópicos como el amor, el desamor, anécdotas, dramas, entre otras materias. 

Un ejemplo de ello es la confesión #3215. “Confieso que venía camino a la U, muerta de hambre, por lo que decidí comprarme un snack. Era tanto que me lo comí en 3 tiempos. Ta camino a mi casa me dio hipo, pero de verdad que no pasaba piola. Ante esta situación, a propósito yo venía con el celular en la mano, un tipo me mira y me saca el celu. Yo me asusté, pero luego pasó algo raro. El tipo me lo devolvió y me preguntó si se me había pasado el hipo. Increíblemente fue así”, dice el comentario sin dueña.

Pero también hay posteos que lejos de conseguir una sonrisa, una palabra de aliento o apoyo de los cibernautas, suma varias réplicas con memes o, derechamente, ciberbulling. Es el caso de la declaración #1907. “Confieso que cada vez que estoy en el anden esperando el metro me gusta mirar a los (as) choferes del metro xDD siento que podría intimidarlos y chocarían”, dice. Los comentarios no podemos reproducirlos acá.

Pero este no es el único grupo de este estilo. De hecho, una dinámica similar es la que tiene Confesiones ABC1. Aquí la balanza entre historias reales y ficticias parece inclinarse hacia estas últimas, sobre todo cuando se leen historias como la confesión confesión #73. “Voy en la UDD, y me gustaba un mino, hasta que supe que estudiaba con el CAE. Qué ordinariez”.

La confesión #71 puede apoyar esa tesis, pues en ella se puede leer “mi apellido salió en los apellidos típicos chilenos de Coca Cola. Mi reputación se acaba de extinguir”. 

De hecho, como todo indica que es un grupo de bromas, alguien subió una foto indicando cómo se ve Santiago desde la mirada de una persona ABC1 (ver imágenes). 

En tanto, existen algunos que buscan agrupar a personas que han estudiado específicamente en algún lugar. Es el caso de Confesiones UCe, donde la idea es comentar experiencias relacionadas con la Universidad Católica o bien, con el ejercicio de alguna profesión. Por eso, en ese grupo puede leerse la confesión #409. “Puedo escribir los versos más tristes en mi práctica. Escribir por ejemplo: “la sala está llena y tiritan los niños, mi profesora colaboradora les grita”, dice el post, con una mirada más académica.

Otro, con un toque más religioso, como es el #413, dice lo siguiente: “Provengo de una familia de tradición católica. Desde chico nunca me cuestioné el cristianismo. Un día decidí leer la biblia completa, y me llevé una sorpresa al encontrarme con tanta violencia y tanta crueldad. La leí completa, de génesis a apocalipsis, y siendo honesto, lo mejor de haber leído la biblia fue que me “convertí” en ateo. Cabros, lean la biblia, no se queden con lo que les dice el curita”.

  • Problema con el anonimato

Miguel Arias, sicólogo y especialistas en materias cibernéticas cree que el gran problema de las confesiones en internet es el anonimato. “El riesgo está en que las personas que administran estos Facebook cruzan información que es mentira con lo que es verdad”, afirma el también fundador de Ser Digital.

“Lo que a mi más me asusta son las confesiones de los colegios. Porque ahí tú  podrías identificar a personas que ni siquiera estudiantes, que son adultos y que pueden usar mal la información”, dice el especialista.

Y agrega que hay grupos como Confesiones del Instituto Nacional en donde la mayoría de las confesiones son falsas. 

  • Interés por lo privado

Por otra parte, Arias identifica la raíz de tanto interés por leer estos comentarios con declaraciones, a veces, íntimas. “Lo que nos ofrece internet es tener la posibilidad de mezclar lo público con lo privado. Cuando se quiebra lo que es privado para unos y se vuelve público para otros, no hay duda que se vuelve atractivo”, dice. 

Sin embargo, también advierte de los peligros que pueden producirse a causa de esto. “El riesgo de compartir ese tipo de información es el uso que puede darle un anónimo.  Porque lo que yo sé es que las confesiones privadas en espacios públicos de la web tienden a generar ciberacoso y ciberbulling”, afirma.

No obstante, pese a esos riesgos, las páginas han ido creciendo en popularidad. Tanto así, que en Publimetro vamos a hacer dos confesiones. “#1 Somos el diario más grande de Chile”. “#2 tenemos problemas de humildad”.

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