Columna de Felipe Kast: La reforma que no fue

Mañana finalmente se vota la reforma en la Cámara de Diputados. Teníamos la gran oportunidad de hacer una reforma educacional que logre una visión y sueño compartido de todos los chilenos; una educación más justa, reduciendo las brechas de oportunidades. Desgraciadamente perdimos la oportunidad. Se nos dijo que se iba a reemplazar el copago por recursos públicos para que las familias tuvieran más oportunidades, y finalmente no ocurrió (“dependerá de los futuros gobiernos”, dijo el ministro, y podría demorar hasta 30 años). Se nos dijo que se iba a reducir la segregación, y lo más posible es que terminemos con más segregación al pasar muchos colegios subvencionados a ser colegios particulares pagados. Se nos dijo que iba a mejorar la calidad de la educación, y es probable que varios colegios de buena calidad se vean obligados a cerrar. En lugar de hacer una reforma para todos los niños y niñas de nuestro país se diseñó una reforma improvisada para darle en el gusto a eslóganes de la Confech y del PC. Si esto fuera gratis no habría problema, pero el costo de estos gustos ideológicos pone en riesgo a los colegios particulares subvencionados.

Si uno mira los dos objetivos de la reforma (1) lograr mayor inclusión y (2) más calidad; ninguno se va a cumplir. Y es que existen dos condiciones imprescindibles para que esta reforma contemple a todos los chilenos: inyectar los 3 mil millones a la educación escolar para cumplir con el estándar medio de la OCDE; y no discriminar negativamente a los colegios particulares subvencionados. Ninguno de los dos requisitos se cumplió.

Muchos diputados del oficialismo y el mismo ministro se han dedicado a vender la idea de que la oposición no quiere que cambie nada en la educación. Eso es una gran mentira, y ellos lo saben. Le propusimos al Gobierno hacer un acuerdo transversal para apoyar la reforma si acogían estas dos propuestas anteriores. No estuvieron dispuestos, y en consecuencia sería un crimen validar una reforma que no nivela hacia arriba y que discrimina a las familias de clase media que optan por colegios subvencionados.

Quién se explica que una familia que lleva a su hijo a un colegio con copago se vea impedida de recibir la nueva subvención de clase media. Niños de igual vulnerabilidad serán tratados en forma distinta por el Estado.

Sin lugar a dudas mañana se aprobará la reforma y veremos a los diputados de la Nueva Mayoria celebrando con las manos arriba. Esto es parecido a lo que ocurrió el 2006 después de los Pingüinos. Esa imagen es el símbolo de la venta de humo: reformas que se gritan a los cuatro vientos -sin estudios rigurosos de impacto- y donde después todo sigue más o menos igual . Muchos de nuestros niños seguirán pateando piedras y esperando a que sean realmente prioridad nacional. Varios de ellos consumidos por la droga cuando abandonan la escuela. Nada de esto es parte de esta reforma de escritorio. Las urgencias políticas consumieron por completo las urgencias sociales. ¡Qué paradoja! La gratuidad universitaria a los más ricos se robó los recursos que debían ir a los niños para terminar de nivelar hacia arriba. Esperemos que el Senado se dé cuenta de la ceguera que tuvo la Cámara de Diputados al aprobar esta reforma. Si no logran cambiar el alma de la reforma en el Senado al menos debieran cambiarle el nombre, dado que lo único bueno que tenía, el reemplazar peso a peso el copago, depende de los futuros gobiernos y no es parte de esta reforma. Si no le cambian el nombre no quedará más remedio que llamar al Sernac por publicidad engañosa.

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