Se embarazaron siendo vírgenes: dos casos de chilenas que no esperaban ser mamá

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Publimetro Chile
Por Jaime Liencura

Carolina tenía 28 años, estaba casada y su vida parecía normal si no fuera por un secreto que ella y su esposo guardaron para ambos: ella se embarazó siendo vírgen.

A Lilian le pasó algo similar. En su noche de bodas, junto a su esposo se dedicaron a conversar de lo rico que estuvo el pastel y lo entretenido del baile, pero no consumaron el matrimonio. Por eso, tiempo después, cuando el ginecólogo les dijo que ella estaba embarazada, no podían creerlo. 

No se trataba de ningún programa de cámaras ocultas, ni tampoco se estaba escribiendo algún guión de teleseries. Ambas sufrían de vaginismo.
 
¿Qué es esta disfunción? Consiste en una contracción inconsciente de los músculos de la vagina, que evitan que exista penetración, lo que hace que estas mujeres se mantengan vírgenes, incluso hasta después de casarse. Pero, ¿cómo quedaron embarazadas?

El doctor Christian Thomas, director del Centro de la Sexualidad de Chile afirma que “las mujeres que sufren de vaginismo buscan otras formas de sexualidad, distintas a la penetración, como toques, sexo oral y masturbaciones”. Eso explica que hayan sido las mismas parejas de Carolina y Lilian las que dejaran embarazadas.

Y, de hecho, la kinesióloga experta en vaginismo y directora del Centro Mi Intimidad, Odette Freundlich, apoya esta tesis. “Aunque es muy difícil, esto es posible cuando el hombre eyacula cerca de la vagina”. 
 

Pero, ¿qué pasa con el himen?. “Este no cumple ninguna función protectora de espermatozoides, los cuales pueden atravesarlo sin dificultad”, dice Odette Freundlich.
 
“Recuerdo cuando mi familia organizó una celebración por mi embarazo y las tallas ya se dejaban caer ‘pero si sólo andaban de la manito’, ‘miren los tontilocos‘, ‘pero si eran solo besitos’ y en mi interior yo decía ‘si supieran"”, dice Carolina. Como tenía miedo de contar su problema, continuó con el embarazo y durante la gestión, jamás tuvo sexo con penetración. Según ella, el parto natural lo solucionaría todo. 
 
Lo mismo le sucedió a Lilian. “Ingenuamente creímos que cuando yo diera a luz, de alguna manera, quizás físicamente, cambiaría todo”, dice. Pero no. 
 
“Estas mujeres tienen mucho temor al parto vaginal”, dice Freundlich, indicando que de los 23 casos que ha tratado, solo el 17,3% ha tenido un alumbramiento natural. Aclara, sin embargo, que preferir este tipo de parto no es la forma de combatir el vaginismo. 
 
“Esta disfunción se supera con un tratamiento multidisciplinario, que incluye el apoyo de un sicólogo, un kinesiólogo y un ginecólogo”, indica Freundlich. Ahí se les enseña a la mujer a distender sus músculos, a lubricar el área genital, además de técnicas de aproximación para producir la penetración.
 
“Luego pasamos a una etapa en la que la paciente aprende a introducirse un dilatador o tubo de diferentes diámetros en la vagina, para acostumbrarse al roce y perder el miedo a la penetración. En la penúltima sesión, se les dan todas las instrucciones de la A a la Z, de cómo debe ser el coito. Después de dos semanas vuelven a un control y luego se les da el alta”. Según la especialista, es ahí cuando pueden superar su problema.
 
Y a ese tratamiento acudieron Carolina, que ahora tiene 32 años, y Lilian, quien hoy es madre de dos hijos.
 
“Fue mágico para mí era como si todo lo anterior hubiese muerto en el recuerdo”, dice la madre del par de locos bajitos. Por su parte, la treintañera confiesa que “estoy feliz, tengo mi bebé, mi eterno marido, a quien le agradezco su infinita paciencia”. 
 
La doctora, por su parte recuerda que “lo importante es que consulten” pues si bien el tratamiento dura cerca de tres meses, después de ese tiempo “por fin se puede decir que vivieron felices para siempre”.
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