Columna de libros de Alida Mayne-Nicholls: “Aprendiz de asesino” de Robin Hobb

La primera parte de la Trilogía del Asesino de Robin Hobb no es un libro reciente. Publicado originalmente en inglés en 1995, ya había aparecido en español, y este año ha sido editado nuevamente. Esta última versión es la que ha llegado a mis manos. Es una historia de fantasía, en que se nos introduce en un mundo que bien podría tratarse del medioevo europeo. Eso parece al principio, en que una narración en primera persona apenas nos comienza a introducir en una historia personal, la de cómo el niño conocido como Traspié se transforma en asesino, y también en una historia del lugar que habitan, la de los Seis Ducados. Pero a medida que avanza el relato de Traspié más nos alejamos de la época medieval y nos vamos asentando en una época propia, en que claro, hay reyes y forajidos, pero todo escrito con particularidad, con dedicación.

La historia comienza cuando Traspié tiene apenas seis años y es llevado donde la guarnición en que se encuentra uno de los príncipes. Es un hijo ilegítimo del futuro rey y su abuelo materno no tiene intenciones de seguir alimentándolo. Desde entonces Traspié irá a donde lo lleven, su vida cambiará constantemente porque otros deciden por él y qué va a ser de su vida, una vida que por cierto no será fácil: ser el “traspié” de un futuro rey lo convierte en un peligro, en un arma, en una posibilidad. Así, a medida, que el niño crece, su relato se va llenando de historias, de aventuras, de problemas y la tensión va creciendo a tal punto que no se puede soltar el libro.

Aprendiz de asesino es un texto muy bien escrito –aunque, por supuesto estamos hablando de su traducción-, pero lo mejor de todo es cómo está armado, cómo se va introduciendo la información. Aunque Traspié está recordando su pasado, pareciera ir reviviéndolo de nuevo, paso a paso, de tal manera, que siempre se tiene una visión parcial de las situaciones: tanto los personajes como otros datos claves son incluidos de a poco, a medida que el niño los conoce o se le cruzan por delante. Su relato, además, no es plano, a veces está enfurecido o cegado, o de plano asustado. Esta nueva edición tiene casi cuatrocientas páginas, las que no se han alcanzado debido a una letra excesivamente pequeña, por lo cual a veces la lectura tan solo vista como un acto físico se hace ardua; al menos las páginas no son blancas, sino un tono crema que compensa. A pesar de eso, transcurridos los primeros capítulos que parecen más de presentación del lugar y del personaje principal, el libro vuela. 

Hobb, Robin. Aprendiz de asesino. Chile: Plaza Janés, 2014