México: Sacerdote de Iguala también cree que los 43 estudiantes fueron quemados vivos

Por Jacobo G. García (Iguala, Guerrero)

Poco a poco Iguala recupera la normalidad después de un mes en el centro de las portadas de medio mundo. A las puertas de la parroquia de San Francisco suenan las campanas para misa de 12, hay varias patrullas de la nueva gendarmería que ha tomado el control de la seguridad y una larga fila de pobres hacen fila para recibir gratuitamente un desayuno ofrecido por voluntarios coordinados por el Padre Francisco Javier Tejeda, buen conocedor de su parroquia.

A pesar de que lleva menos de dos años en Iguala, pasó 11 en Taxco así que sabe muy bien lo que dice cuando señala a este periódico que sólo sabemos lo que quieren que sepamos. Desde su despacho en la parroquia habla del famoso matrimonio, del padre Solalinde y del sentir de un pueblo, Iguala, que nunca más volverá a ser el mismo

¿Cree usted al padre Alejandro Solalinde, que dijo que a los estudiantes los quemaron vivos?

Es muy respetable su opinión. Su trabajo le respalda como luchador social que acompaña su voz con obras. Sus palabras son creíbles aunque sus formas sean bruscas. Es una voz profética a la que creo.

Usted conoce bien su pueblo, ¿Cree la versión oficial que dice que la policía entregó a los chicos al crimen organizado?

Conocemos lo que quieren que sepamos. La versión del que gobierna es una versión para consumo popular. Esto está demasiado revuelto y no olvidemos que hay elecciones en Guerrero el año que viene.

Pero lo que ha sucedido es demasiado grave para hacer un cálculo político

No descarte que mentes diabólicas estén preparando este tipo de escenarios. No lo descarte.

¿Qué pasó aquella noche?

Yo me fui a las 20:30 de la noche de la parroquia hacia mi pueblo. Cuando salí de Iguala no vi nada fuera de lugar, hasta que me llamaron para decirme que se estaba viviendo una situación de violencia y ordené que protegieran la iglesia.

¿Qué recuerda del presidente Municipal y su esposa?

Yo conocí el lado de trabajo de ambos. Desde el principio se habló de ciertos nexos con el crimen organizado pero entiendo que si los políticos responsables lo dejaron llegar al poder es porque fue aceptado. Eran muy hábiles para los negocios e hicieron mucho dinero, como otras familias de Iguala, gracias al oro. Pero, en general, creo que estaba haciendo un trabajo correcto como alcalde.

Pero no hay que olvidar que el día 26 de septiembre (el día que la policía dejó seis muertos y se llevó a los 43 estudiantes) había una gran fiesta organizada por su esposa que acababa de rendir su informe como presidenta del DIF. Había música, bandas y comida para todos. Ella me había enviado invitación pero no pude estar porque tenía otras obligaciones pero ese estilo de gobierno tenía una gran aceptación en Iguala. Ella estaba empeñada en ser presidenta municipal y terminar de esta forma el proyecto que había comenzado su esposo. Pero claro no sabíamos lo que ahora sabemos.

¿Ella era aceptada? ¿Tenía posibilidades de ser alcaldesa?

Sí, claro que tenía posibilidades de hecho los adversarios se unieron para frenar su subida.

¿Cómo se está viviendo esta situación en Iguala?

Ya son varios años que vivimos una descomposición política muy severa en México. No es un secreto que la corrupción ha tocado todas las instituciones del estado y en Guerrero hemos vivido lo mismo. Un estado de por sí violento, donde se han fraguado luchas importantes. En Iguala vivíamos con relativa tranquilidad, ya sabíamos que los gobiernos entran en negociación con los delincuentes. Es deseable que los gobernantes lleven la sartén por el mango pero no siempre es así y no sabíamos hasta donde estaba descompuesto. Nos quejábamos que la policía era arbitraria, se hizo famoso el ‘hotel de los 600 pesos , porque eso costaba salir de la comisaría cuando era detenido alguien. Pero no pasaba de ahí. Luego todos recomendaban no salir después de la noche porque quien patrullaba no era la policía sino criminales.

Pero sí notábamos que la gente, cada vez con más frecuencia, venía a pedir oración por alguien a quien habían levantado, secuestrado… gente que no regresaba o que los volvía a ver ya muertos regresaban muertos. Se llegó a situación intolerable y la gente se acostumbró a pagar cuotas, derechos de piso… hasta que ocurrió lo más lamentable. 

Y de todo esto, aún nos falta conocer la verdad. Porque para que las más altas instituciones se salven hay que sacrificar a piezas menores, a chivos expiatorios, pero aún no sabemos qué pasó realmente. Esperemos que la renuncia del gobernador calme los ánimos porque era algo muy esperado a lo que apostaban sus adversarios políticos. Pero si el foco se prolonga el objetivo es el presidente de la república. Y si esta situación se prolonga en Iguala se convertirá en una crisis social de consecuencias insospechadas.

¿Cómo siente a su gente?

Hay una cierta satisfacción por el hecho de que a través de un acontecimiento tan desagradable aparezca lo que en realidad estaba sucediendo y que la presencia policial expulse a los delincuentes de Iguala de una vez. Hay una rabia que se va disipando poco a poco. Sentimos como una agresión que se quemara el palacio municipal. Si hay enojo contra el gobernante deberían haber atacado sus propiedades pero no la casa del pueblo. Sin embargo son cosas materiales y no hay que lamentar ataques personales

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