Columna de Cristóbal Camino: Es hora que Chile tenga un premio nacional de oficios y servicios

Por Cristóbal Camino

Cuando el escritor peruano Mario Vargas Llosa fue investido recientemente doctor honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid, manifestó: “Estos reconocimientos ayudan cuando uno cae en el desánimo y siente que todo lo que ha escrito no vale nada y se lo va a llevar el viento”.

Esto demuestra a cabalidad la importancia que reviste un premio para los galardonados, para sus pares y por consiguiente para su entorno y para toda la sociedad.

Si por ejemplo pensamos en las olimpiadas, competir implica una larga preparación para cada atleta, que a pese a que hay un solo ganador, genera una mejora general en todos aquellos que persiguen el premio, permeando este mismo espíritu hacia otros que empiezan a competir o ven en estos atletas- y en especial en el ganador – un referente a seguir.

Creo que esta misma dinámica de premio y competencia es una pieza clave para iniciar el proceso de profesionalización de los oficios, en la que estoy empeñado.  Este es un segmento inmerso -en su mayoría – en una situación de rezago creciente que no se condice con las necesidades del mercado, ni con los niveles de calidad alcanzados en otras áreas del trabajo, ni menos con las nuevas tecnologías que se introducen a diario en los distintos rubros que atienden. Lo anterior junto con un severo problema de información que se tiene de estos prestadores, además de una total atomización de su oferta, configura un círculo vicioso que perpetúa dicha situación.

Mi convicción es que un premio de oficios y servicios es el primer paso sustancial para cambiar esta situación y que si queremos lograr el impacto deseado, no podemos hacerlo, como se hace tradicionalmente este tipo de galardones, de espalda a los involucrados, sino que junto con ellos. Así los prestadores de oficios, sus clientes y las empresas que son proveedoras de los distintos oficios, están llamados a ser parte de este proceso para conocer qué quieren los clientes, para saber las necesidades de los prestadores y para definir qué oferta pueden hacer dichas empresas, cuyo impacto sea una mejora en la calidad del servicio y del negocio de estos prestadores.

Esta forma de trabajar además, nos permite ir preparando este cambio, que si lo asimilamos a un mundial de fútbol, es como anunciar la postulación de sede, ganarla, conseguir los sponsors y preparar los estadios para darle el marco adecuado a la competición de los equipos.

Siguiendo esta línea participativa o de co-creación, son los clientes, como ocurre en todo mercado formal, aquellos llamados a evaluar a los mejores prestadores, para luego en un segundo proceso, un grupo de expertos evalúe a la lista corta de donde saldrá el mejor de los mejores.

Si bien esta es una ambiciosa tarea, estoy seguro que es el camino indicado para profesionalizar los oficios de nuestro país, potenciarlos como alternativa laboral y por ende, como alternativa de estudio, que baje la patológica ansia universitaria, y que finalmente dé una respuesta a la inmensa necesidad de mercado por contar con oficios de alta calidad y de mejora en las condiciones de negocio de sus prestadores.

* Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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