Intentó quemar a médico que le diagnosticó un cáncer que no tenía

Llegó al consultorio con un bidón con alcohol y un encendedor. El tribunal lo condenó a cinco años en un siquiátrico.

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Tiene 79 años y dicen que está mal de la cabeza. Y aunque está siguiendo el tratamiento médico ambulatorio que le impusieron, los jueces le endilgaron cinco años en un hospital siquiátrico acusado de homicidio en grado de tentativa. Aparte, tiene que pagarle 3.060 euros (algo así como dos millones 250 mil pesos) a su víctima. Claro que los magistrados tuvieron su minuto de compasión y le cambiaron la sentencia por libertad vigilada. Está a cargo de su familia, acude puntualmente al consultorio a recibir sus remedios y tiene prohibición de acercarse a 300 metros del hombre al que atacó.

¿Qué fue lo que hizo Juan B. M. para recibir tal castigo? Ni más ni menos que rociar con alcohol a un médico del hospital Virgen Macarena, de la ciudad española de Sevilla, y tratar de prenderle fuego con un encendedor de bolsillo. ¿Por qué? Según el acusado, porque el médico le había diagnosticado un cáncer que en realidad no tenía, lo que le había “destrozado la vida”.

El hecho ocurrió en la mañana del 10 de junio de 2013. Juan B. M. irrumpió en la consulta del médico y le preguntó si se acordaba de él. El facultativo trató de hacer memoria, pero no, no se acordaba para nada. “¡Yo sí me acuerdo!”, le gritó al tiempo que lo rociaba con alcohol y le prendía fuego.

El médico, más joven que Juan B. M. por cierto, reaccionó a tiempo y empujando a su agresor contra una pared, logró salir de la consulta y salvar la situación con ayuda de otros colegas. De regreso al box, se percataron de que el hombre se había rociado a sí mismo el resto del alcohol que quedaba en el bidón que portaba y ya había usado el encendedor. Con la colaboración de los otros funcionarios lograron apagar las llamas y salvarle la vida, no sin antes aguantar sus patadas al aire mientras lo llevaban velozmente en una camilla a urgencia y escuchar sus gritos de “¡lo voy a matar!”.

En su sentencia, la Audiencia Provincial de Sevilla determinó que Juan B. M. padecía en ese momento “un trastorno de ideas delirantes y además otro depresivo de medio a grave, que anulaba por completo sus facultades intelectivas y volitivas”.

Del diagnóstico de cáncer que provocó toda la historia nunca se supo. O si se supo, nadie dijo nada.

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