Columna de Juan Manuel Astorga: Por un Metro, kilómetros de caos

Por Juan Manuel Astorga

No se exagera ni un poco el imaginar que muchos santiaguinos se levantaron este lunes buscando en la radio, la TV, o en las redes sociales, información para saber si el Metro estaba funcionando con normalidad. El comprensible drama que significa para sus usuarios enfrentar la odisea de tener que llegar al trabajo o los estudios por vías alternativas al ferrocarril metropolitano, explica el porqué una falla en su sistema se transforma en una tragedia. El Metro mueve 2,5 millones viajes por día y cualquier mínima contrariedad en sus operaciones amenaza con paralizar la capital completa.

Los problemas derivados de las deficiencias técnicas que ha experimentado el ferrocarril metropolitano, dejan en evidencia la importancia que tiene para los más de 6 millones de habitantes de la Región Metropolitana. Es bastante claro que los buses del Transantiago no son ni expeditos ni han podido dar suficiente cobertura a la demanda que tienen los usuarios del transporte público. Por eso el Metro, que traslada a más del 60 por ciento de ellos, es hoy la columna vertebral del Gran Santiago. Con los mejores tiempos de viaje y frecuencias de todo sistema, cuando funciona, es tremendamente eficiente. Pero cuando falla, es la desorganización y anarquía en su peor expresión. 

La última avería del Metro, el pasado viernes, tuvo su origen en un punto de alimentación que reparte energía a las líneas cuyos trenes funcionan con neumáticos, es decir las Líneas 1, 2 y 5. Para los pasajeros del Metro, esa explicación técnica se resume en un cortocircuito que volvió a sacar chispas entre cientos de miles de santiaguinos, cansados de las recurrentes fallas del sistema.

Porque el viernes, no fueron sólo 500 mil los afectados. El desperfecto perjudicó a la ciudad entera. Las calles se paralizaron porque muchos viajeros del Metro que suelen dejar su automóvil en casa los días de semana, debieron utilizarlo para tratar de llegar a tiempo a sus destinos. De golpe las arterias de Santiago se colapsaron. Peor todavía, las personas que esa mañana estaban en la superficie esperando micro, vieron cómo repentinamente les aparecieron hordas de pasajeros compitiendo por un lugar en los ya atestados buses. 

Es claro que una masiva falla en el Metro no se puede suplir con los buses del Transantiago. No dan abasto, incrementar la flota no es viable porque Santiago tiene, aunque creamos lo contrario, pocas calles. El 8 por ciento de su extensión está dedicado a vialidad, versus el 20 por ciento de Londres o el 25 que tiene Madrid. Considerando que el crecimiento del parque automotor duplicará la cantidad de autos de aquí al 2025, llegando a 2,7 millones en la capital, las vías estarán saturadas. Para facilitar los recorridos de los buses en zonas de espacio físico limitado, habría que construir más corredores exclusivos, lo que implica la compra o expropiación de franjas que requieren de una cuantiosa inversión. Para hacernos una idea, el corredor de Santa Rosa tiene 34 metros de ancho. Ahí podría aterrizar un avión. ¿Cuál ha sido su impacto para descomprimir al Metro? Se supone que le quitaría unos 1.500 pasajeros por hora a la línea 2. Eso nunca ocurrió. ¿Por qué? Porque el sistema de Metro sigue siendo más efectivo. Esto, aún cuando está congestionado cada vez en más horarios y en más estaciones.

El Transantiago recibe un subsidio estatal que hasta ahora se ha llevado US$ 9.600 millones. Demanda US$ 735 millones anuales. En numerosos países del mundo los estados subsidian al transporte público, pero como bien lo ha explicado el arquitecto y urbanista Iván Poduje, en 2022 el Transantiago habrá consumido US$ 17.000 millones del erario, superando toda la inversión de concesiones o Metro, pero sin dejar ningún activo para el Estado, porque esos dineros habrán quedado en manos privadas. Cada kilómetro de Metro cuesta cerca de 80 millones. Una línea de 10 km sería entonces cercana a los 800 millones, menos de lo que se subsidia al Transantiago cada año. Esto significa que en 10 años de plata estatal gastada en las micros, el problema podría estar corregido. Esto explica la importancia de darle prioridad al inversión para ampliar el ferrocarril metropolitano hacia comunas densamente pobladas pero que no tienen cobertura.

Las viviendas sociales están instaladas en la periferia de la ciudad. Son sus habitantes los que más requieren del transporte público. Fuera del anillo de Américo Vespucio viven más de 4 millones de personas. 

Es necesario planificar varias líneas de trenes de cercanía, tranvías, teleféricos y nuevas vías exclusivas para buses. Además, fomentar que se reprogramen las entradas y salidas de trabajadores y estudiantes en determinados sectores de forma secuencial, para que no ocurra como hasta hoy, que el sistema se estresa de 7.30 a 9.00 y de 18 a 20 horas.

Como al destino le gustan las ironías, el punto de alimentación que falló el viernes se ubica en la estación La Moneda, a pasos de la sede del Ejecutivo. Precisamente el tema peor evaluado en la actual administración es, incluso más que la delincuencia, el transporte público de Santiago.

Además de investigar y corregir el problema, se necesitan decisiones políticas modernas. No se soluciona el tema con la salida de Aldo González de la presidencia de Metro, como ocurrió el viernes. La vez anterior se removió al gerente de mantenimiento y el Metro sigue fallando igual. De hecho, lo que se espera es que los equipos directivos del Metro y de otras empresas públicas como EFE, Codelco o Enap, no cambien con la llegada de un nuevo Gobierno.

Hablando precisamente de infraestructura en transportes, el ex Presidente Ricardo Lagos, en su momento responsable del diseño del Transantiago, dijo en agosto pasado que lo que nos faltaba no era incentivo a las inversiones, sino más decisión política para enmendar el problema. Confiemos en que la pésima evaluación ciudadana a nuestro sistema de transportes, las recurrentes fallas en el Metro y la crítica política de uno de los suyos, lleve a la Presidenta Bachelet a enmendar el error de su anterior gobierno y solucionar, de una vez por todas, el caos que vive el transporte público cada vez que falla el Metro.

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