Columna de Copano: "Zorrones", desigualdad y mayordomos

Por Nicolás Copano

Alta polémica levantó el audio de Whatsapp filtrado de Nicolás Correa, un chico de la Universidad del Desarrollo que le hablaba a sus compañeros de carrera sobre sus propuestas para conquistar el centro de alumnos. El mensaje es un interesante reflejo de cómo se ha construido país en los últimos años. Tenemos un país de ricos sumamente conscientes de lo que son: Correa lo dice claramente en su transparente frase “somos ABC1 y tenemos que aprovecharlo”.

Ahora, ¿aprovechar que? Pongámonos en el lugar de que un muchacho de una población haga un discurso similar: “Somos pobres y tenemos que ser solidarios entre nosotros”, por ejemplo. ¿Cuánto se demorarían los locutores de Radio Agricultura en condenar un llamado de ese estilo? ¿Cuántas columnas se escribirían sobre el odio? ¿Cuántos comentarios de Twitter hablarían de resentimiento?

Tenemos distinta vara porque nos han adoptado a ser serviles y temerosos. Nos han invitado a no cuestionarnos, por miedo. Nos instan a mentir, que es el peor de los actos. Nos han empezado a decir que los cambios provocan caos cuando la gente en general no entiende, y la rodean y asustan. Nos están mintiendo hace mucho tiempo: el país tiene colas de tipos comprando iPhones y estamos en crisis se supone. Quizás alguien acumula a su gusto, pero es demasiado transgresor plantearlo. No vaya a ser que alguien se enoje pues. Ahora, ¿quien se enoja? No sé, pero se parece demasiado a una sensación. Se parece demasiado al catolicismo todo esto. Se parece demasiado al cono del silencio y estoy seguro de que los ricos son bastante más pudorosos que varios “mayordomos” de ellos que les dicen cosas para hacerlos sentir bien. Los ricos también están secuestrados en Chile por el “secreto de confesión” y terminan mandando cartitas para defender lo indefendible por el diario. Es hora de que ellos también se hagan preguntar a partir de este contexto horrible de país que se ha creado. Es hora de que entre todos hagamos un cambio de switch. 

Nicolás Correa es una víctima, no es el culpable: darle es la salida más fácil. Yo quiero analizar el fenómeno de los que llegan a futuro a trabajar con Correa y no le cuestionan nada, haciendo que se transforme en un jefe horrible. En los medios, estamos llenos de ellos: son los que le dan el amén a sus jefes sin decir nada. Arman radios con locutores que son modelos y no periodistas. Yo conocí a tantos que vestían las poleritas del rock y a la primera de cambio armaban “vehículos para el ABC1” muy tristes. Muy decadentes. Tipos que vivían en la periferia pero se morían por “ser el otro” culpa de una desigualdad que afecta a la dignidad. A la primera de cambio transan por entradas. Escriben en blogs y son los cortesanos de los zorrones. Son lo peor. De verdad: me da mucho más asco un arribista aspirante que un hijo de millonario. El segundo quizás vive en una burbuja, el primero es cómplice de la desigualdad porque olvida a sus hermanos. Olvida pensar en ellos: transa a la primera y piensa que “superación” es mayor capacidad de consumo. Piensa en tener cuatro autos en un patio donde caben dos. Piensa en la deuda como vehículo de validación. Amigo con plata: usted analice a ese que le dice siempre que “sí” y trabaja para usted. Honestamente, se está aprovechando de usted. Ojo: hay muchos que hacen ese ejercicio. Y en realidad, están haciendo una basura.

No deja de ser una notable coincidencia que justo cuando se plantea la idea de crear una “Línea 1 paralela” del Metro explote esto: lo más probable es que esa idea termine segregando aún más y generando un Metro de ricos y otro de pobres. Nuestras políticas públicas, involuntariamente están teñidas de clasismo. Chile es tan clasista que no se da cuenta.

Y ahí radica algo más profundo que pegarle a Nicolás. Radica en la autocrítica a un montón de personas que tuvieron oportunidades y lo primero que hacen es creer que son mejores que otros. Lo que hay que hacer, en el Chile que viene, donde los líderes desde todos los lugares se necesitan, es empezar a prepararse para quebrar con toda esta farsa. Una farsa que es mezcla de mentira, miedo, desigualdad, engaño. A mi generación le va a tocar mantener a sus padres y abuelos y a debatir sobre el sentido de crear una nueva identidad nacional. Estemos a la altura. Que el hijo de Nicolás pueda compartir con tu hijo o con el hijo de la nana en la sala de clases o en la pega, es tarea de todos.

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