Columna de Felipe Harboe: ¿Y dónde está el piloto?

Por Felipe Harboe / Senador PPD

Al igual que en la clásica comedia del cine, los crecientes asaltos a camiones transportadores de valores abren una gran interrogante: ¿y dónde está el piloto? En efecto, en cada asalto hemos observado que el conductor del camión o su acompañante se han puesto en una condición de vulnerabilidad que facilita los atracos. La falta de medidas de protección en el aeropuerto internacional, el recorrido sin la debida información a carabineros, o el retiro de altas sumas de dinero a plena luz del día sin mayor protección, constituyen vulneraciones graves a los protocolos de seguridad y ciertamente contribuyen a la consumación de los delitos. ¿De qué sirve tener camiones blindados si los atracos se producen al momento de abrir sus puertas?

Las normas legales son claras, la obligación de las empresas transportadoras de valores es la de coordinar y respetar los protocolos de seguridad que para el efecto exija el OS-10 de Carabineros de Chile. Este no es sólo un problema de ley. Este es un problema de gestión y coordinación entre la empresa privada y Carabineros.

Al intentar indagar en las causas de estas vulneraciones surge como un elemento de análisis la falta de incentivos positivos de cumplimiento de los protocolos de seguridad. En efecto, desde el punto de vista económico, no existen incentivos para dar estricto cumplimiento a las instrucciones policiales. Así, para la empresa de valores es preferible el pago de una eventual multa a tener que adoptar tecnologías o recursos humanos de mayor calificación para sus numerosos procedimiento de traslado de valores. Adicionalmente, los productos transportados (dinero) se encuentra cubierto con pólizas de seguro, lo que evita que la pérdida del mismo sea un detrimento patrimonial propio.

Es por ello que deben modificarse de una vez las normas administrativas que regulan la relación entre Carabineros y las empresas de seguridad privada. Deben considerarse sistemas de responsabilidad solidaria por la pérdida del dinero transportado para que sea de especial interés de la empresa transportadora el cuidado del dinero que transporta. De igual forma se requiere revisar la política de recursos humanos: quiénes son, de dónde vienen, cuál es la rotación laboral; a qué tipo de información acceden sus funcionarios; cada cuanto tiempo hay cambio de rutas; en fin. Existe un sinnúmero de desafíos por delante para terminar con esta ola de atracos que más allá de generar sensación de inseguridad, incrementa el dinero en efectivo de arcas desconocidas que pudieren estar acumulando capital para realizar acciones criminales mayores. Eso aún no sabemos y será materia de una próxima columna que se llamará ¿y dónde está el dinero?

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