Columna de Magdalena Piñera: El voto obliga...a los políticos

Por magdalena Piñera

Es cierto que resulta preocupante que el 58% de los ciudadanos con derecho a voto se haya abstenido de sufragar en la elección que ganó la actual Presidenta Bachelet. En las elecciones municipales del 2012, la abstención también alcanzó una cifra similar. Sin embargo, más grave es que el 74% de los chilenos exprese que tiene poca o ninguna confianza en los parlamentarios, según lo reveló la Encuesta Nacional Bicentenario de la Universidad Católica (2013). Mientras que, según la última encuesta Adimark, el 62% desaprueba la forma en el Senado desarrolla su labor y un 66% piensa lo mismo de la Cámara de Diputados.

La abstención electoral, la pérdida de confianza y la desaprobación del Poder Legislativo, sin duda son síntomas inequívocos del distanciamiento entre la ciudadanía y la política. Sin embargo, algunos parlamentarios piensan –equivocadamente- que la baja participación en las últimas elecciones es por culpa de la ley que estableció el voto voluntario y por ello quieren volver al voto obligatorio. Equivocadamente porque creen que el voto voluntario es la causa de la abstención, en circunstancias que ella se debe a otras razones, entre ellas, el distanciamiento entre la política y los ciudadanos. 

Si volvemos al voto obligatorio, probablemente disminuirá la abstención electoral –gracias a la amenaza de la multa- pero no se solucionará el problema de fondo que es la falta de sintonía entre los chilenos y la política. ¿Por qué?, simplemente porque el voto obligatorio enmascara el descontento ciudadano que se expresa a través de la abstención, y causa un “efecto cosmético” que maquilla este síntoma de descontento en lugar de curarlo. 

Lamentablemente no existe un remedio mágico para disminuir la abstención ciudadana, la desconfianza y la desaprobación ciudadana a los políticos, pero sí hay medidas y acciones que ayudarían mucho. Por ejemplo, que los políticos discutan con argumentos e ideas y no descalificándose entre ellos, como ayer lo hizo Osvaldo Andrade, diputado y presidente del Partido Socialista quien frente a las críticas expresadas por Evelyn Matthei dijo “a la locura nunca hay que responder, hay que dejar que la locura se disipe, para eso hay remedios, para eso están los farmacéuticos y están los médicos, no está la política”. Una falta de respeto a todas luces.

Otra forma de mejorar la política es, precisamente, manteniendo el voto voluntario, que algunos quieren eliminar porque en lugar de obligar al ciudadano a votar, el voto voluntario obliga al político que es candidato a acercarse al ciudadano para convencerlo –con proposiciones y no sólo con propaganda- de que él podrá representar bien sus intereses, tanto en el Municipio, como en el Congreso o en La Moneda. Obviamente, el voto obligatorio es mucho más cómodo para los candidatos pues con él tienen asegurada la participación de los electores y por eso algunos quieren regresar a ese sistema.

Volver al voto obligatorio no sólo no ayuda en nada a mejorar los problemas de la política, incluso más: podría agravarlos. En efecto, el voto voluntario fue establecido gracias a una reforma constitucional promulgada el 2009 por la Presidenta Bachelet y por la ley aprobada bajo el gobierno anterior que inscribió automáticamente a 4 millones y medio de chilenos –jóvenes mayoritariamente- que estaban fuera del padrón electoral, con el compromiso tácito de que podrían votar libre y voluntariamente cuando lo quisieran. Al volver al voto obligatorio, el Estado rompería ese compromiso, dejando cautivos en el Registro Electoral y con la obligación de sufragar a más de 4 millones de ciudadanos. Indudablemente este hecho profundizaría la desconfianza de la ciudadanía y el desprestigio de la política.

 

Buena decisión del gobierno no patrocinar la iniciativa de algunos parlamentarios para reestablecer la obligatoriedad del sufragio, pues si confiamos en la libertad de las personas y en su capacidad para elegir y decidir su destino debemos mantener el voto voluntario.

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