Columna de cine por Joel Poblete: “El cazador”: Sangre y disparos en el camino

Por Joel Poblete / Periodista especializado en cine y productor de contenidos de Sanfic. lee su columna todos los jueves en Publimetro

Despobladas carreteras azotadas por el sol, amplios y secos espacios que se extienden a lo largo del horizonte, interiores sucios, desordenados y sombríos, son el marco en que se desarrolla esta coproducción australiana-estadounidense, estrenada mundialmente este año en el Festival de Cannes.

Ambientada en una Australia cuya sociedad soportara hace una década diversos colapsos y en la que más que personas, la mayoría de los sobrevivientes parecen muertos en vida, taciturnos, tristes y a menudo peligrosos, se centra en Eric, un hombre a quien una pandilla le roba el auto, pero en vez de resignarse decide perseguirlos, uniéndose posteriormente en el camino al joven Rey, quien fue abandonado por el grupo cuando fue herido.

Las visiones negativas y oscuras del futuro tienen reconocidos y variados precedentes a lo largo de la historia del cine, y se han multiplicado aún más en las últimas décadas, sintonizando indudablemente con las complejas realidades sociales del mundo contemporáneo. En ese sentido, a primera vista “El cazador” no ofrecería tanta novedad a los espectadores. Sin embargo, la puesta en escena del director australiano David Michôd maneja bien el suspenso y tiene momentos muy logrados en su exploración de la violencia y la alienación, lo que permite que el filme destaque por sobre el promedio, aunque su ritmo es irregular, se hace algo reiterativo y puede impacientar a más de un espectador al no ser un vehículo de acción convencional, ya que alterna los estallidos sangrientos con tiempos lentos y contemplativos.

Michôd -elogiado y premiado en festivales como Sundance hace cuatro años con su debut, “Animal Kingdom”, no estrenado comercialmente en Chile- no esconde sus referentes, que van desde códigos del western clásico y el cine policial hasta personajes y situaciones que evocan a los libros de Cormac McCarthy y sus adaptaciones fílmicas (“Sin lugar para los débiles” o “La carretera”), o incluso a otra recordada producción australiana, “Mad Max”, que pronto estrenará nueva entrega, y a títulos recientes como “El libro de los secretos”. Y también desfilan perturbadores roles secundarios excéntricos y lacónicos que ineludiblemente recuerdan al cine de David Lynch.

Pero el realizador no se queda sólo en los homenajes, ya que muestra un sello propio y saca notable partido al implacable paisaje y las locaciones, muy bien capturadas por la fotografía de Natasha Braier, así como por el inquietante tono que aporta la interesante banda sonora de Antony Partos. Y además, por sobre varios personajes sin demasiados rasgos o relieve que corren el riesgo de ser meros arquetipos, destaca por la intensidad interpretativa de sus dos actores protagónicos: Guy Pearce (“Los Angeles al desnudo”, “Memento”), quien habitualmente es excelente, salvo en encarnaciones más caricaturescas como en “Prometeo”, y un Robert Pattinson que tras sus logros dirigido por Cronenberg, sigue demostrando que puede ser un buen actor y superar los clichés adolescentes en los que casi lo sumerge su participación en la popular saga “Crepúsculo”. Considerando lo floja que suele estar la cartelera y la casi nula presencia por estos lados de cine proveniente de Australia, “El cazador” es una producción que vale la pena recomendar.

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