Columna de Nicolás Copano: "2014: El año donde la tontera explotó"

Por Nicolás Copano

El 2014 será recordado como el año donde la crisis cognitiva llegó para quedarse. La generación educada en los términos del fast food pasó a engrosar la lista de empleados de instituciones públicas y privadas, teniendo efecto directo en nuestras vidas.

El 6 de enero la seremi de Obras Públicas de la Región de los Ríos confirmó que el primer puente basculante de Chile fue instalado al revés: el brazo que debía estar en el sector de Isla Teja, estaba en el sector de Las Ánimás y viceversa.

El 6 de agosto una estudiante de Enfermería de la Universidad del Pacífico identificada como M.P. administró a 9 personas insulina en vez de heparina como lo requería su tratamiento. Tres pacientes murieron.

El 12 de octubre, luego de una alerta mundial de ébola, Juan González, proveniente de Guinea (país libre de la enfermedad) fue atendido en el hospital Barros Luco por síntomas febriles. El protocolo OEA fue aplicado, pero los fallos de los funcionarios fueron alarmantes.

Primero, el irresponsable avisó por altoparlante en la sala de emergencia, donde un usuario de celulares registró el momento: los presentes en la sala, carentes de información comienzan a taparse la boca como víctimas de un derrumbe y gritan. La evacuación fue más parecida a un acto intuitivo que premeditado, sin pensar que hay cámaras en todos los bolsillos gracias a la tecnología móvil. El periodismo no dudó en aportar al descontrol, cuando en la conferencia de prensa de la ministra Helia Molina un móvil de Canal 13 subvalora a la audiencia y declara “aún a riesgo de hacer preguntas casi infantiles, pero es para que la gente entienda en la casa” para introducir su pregunta.

La ministra respondió a los medios: “Éste no es un caso de ébola, ni siquiera es un caso sospechoso. Sería sospechoso si viniera de Sierra Leona, un país donde hay un brote, pero por venir de África, de todas formas, lo hemos considerado un probable caso sospechoso”.

En síntesis: los funcionarios del hospital no entendieron lo que quiso decir la ministra y se desató un caos donde cada uno trató de tomar “la mejor decisión” a consideración personal. Pero esto no termina ahí. El 24 de noviembre el partido político Unión Demócrata Independiente como parte de su estrategia comunicacional contra la reforma educativa, lanza una secuencia en YouTube con una clara intención de viralización con el hashtag #YoMeRebelo. En la secuencia, que utiliza un sonidista, un camarógrafo y un editor (que incluso postproduce el color del video) la diputada por el distrito 10 Andrea Molina dice: “Me rebelo contra todos aquellos que hoy día no pueden tener una educación digna”. O sea, Molina decide ir contra los que no tienen dignidad. Si esto no es un desliz freudiano, la cadena de errores que va desde los realizadores, hasta los clientes del video, pasando incluso por los simpatizantes del partido que no vieron el error es monumental.

Todos estos problemas tienen directa relación con el cómo entendemos y procesamos las ideas. Los encargados del puente y la enfermera, los funcionarios del hospital y los políticos citados leyeron mal la información. La valoración de los estímulos, la comprensión del entorno, el contexto sin lectura no sirve de nada. Y hay un dato alarmante que complementa el escenario: el Simce 2013 desnudó que un 37,4% de los escolares tiene el nivel adecuado de comprensión lectora en cuarto básico.

O sea, la solución a corto plazo de esta emergencia que debería unir a la nación en torno a un plan, ya que afecta en niveles productivos y sociales a muchísimos chilenos, es más bien lejana.

En todos los casos hubo una carencia: no hubo lectura de la realidad. No existió el proceso de analizar lo que sucedía: ni las instrucciones de la construcción de un puente o el uso de una sustancia en lugar de otra. Todas estas situaciones mataron, alertaron innecesariamente o simplemente dañaron la comunicación de grupos de personas. ¿Qué se puede hacer en torno a esto? ¿Tenemos que ignorarlo? Yo creo que no. Es hora de que el Estado tome acción y los privados también. No se puede seguir haciendo negocio del débil en su condición cognitiva y educativa. El 2015 es el año en que debemos ser nosotros mismos, y debemos tomar acción. Que el año de la tontera dé paso al del fin del miedo.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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