Columna de Jaime Mañalich: Diagóstico precoz de cáncer y sobrevida

Por Director del Instituto de Políticas Públicas en Salud U. San Sebastián

La incidencia de cáncer, es decir, casos nuevos por año, aumenta sostenidamente en el país. Esto se relaciona con el envejecimiento.

La mayoría de los cánceres tienen un desarrollo prolongado antes de manifestarse clínicamente, por lo que se ha hecho un gran énfasis en el diagnóstico precoz para mejorar la sobrevida. Sin embargo, este esfuerzo no garantiza siempre al paciente vivir más años. 

El screening tiene dos riesgos: si una persona fallece a los 60 producto de un cáncer que tiene mala respuesta al tratamiento, y el diagnóstico se hace a los 58, tendrá una sobrevida desde el momento en que se detectó la enfermedad de dos años. Si se diagnostica a los 55, la persona que viva hasta los 60 tendrá ahora cinco años de sobrevida del mismo cáncer, pero sin haber obtenido ningún beneficio adicional, y por el contrario, muchos perjuicios por el diagnóstico anticipado. 

Por otra parte, el buscar precozmente formas no avanzadas de la enfermedad puede conducir a falsos positivos, sufriendo la persona todos los riesgos del proceso de diagnóstico, incluyendo una cirugía, que tiene efectos adversos.

Esto ha hecho revisar muchas estrategias de diagnóstico precoz, como la mamografía en el caso de las mujeres, o la determinación del antígeno prostático (PSA) para el cáncer de dicha glándula, en los hombres. La controversia ha sido feroz, desde grupos que sostienen que dichos exámenes son inútiles, produciendo más daño que beneficio, y otros que les dan un mérito significativo.

En el caso del cáncer de mama, ya es evidente que el diagnóstico precoz permite un tratamiento más conservador, lo que es una ventaja en la calidad de vida. En el caso del antígeno prostático, la revista The Lancet acaba de publicar un estudio relevante, donde demuestra que a pesar de los efectos adversos de sobrediagnóstico, la sobrevida real a 13 años de seguimiento de 14 mil hombres mejora entre quienes midieron periódicamente el antígeno, evitando una muerte entre cada 781 personas.

En Chile, la cobertura de exámenes de screening es pobre. Para mamografía, 54% y para el PAP, 56%. Una de las razones es la falta de información y otra, los pocos recursos disponibles, dado que el incentivo para las aseguradoras es nulo. Por ello, cada técnica de diagnóstico precoz cuyo beneficio esté debida y claramente probado, debería incentivarse mediante educación, gratuidad y condicionamiento. Es decir, si la persona se realiza periódicamente los exámenes preventivos, tenga determinados beneficios o baja en las primas de seguro, según sea el caso.

El universo del cáncer es multiforme, y cada tipo es una enfermedad distinta. En un número creciente de ellos, la clave es llegar a tiempo.

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