Columna vertebral de Felipe Avello: Adiós al Teatro Alcalá

Por FELIPE AVELLO

Tras el inminente cierre de Teatro Alcalá, recibimos la siguiente carta que reproducimos a continuación:

Estimados amigos de Publimetro, diario que siempre ha apoyado la cultura y las artes en sus diferentes manifestaciones, me dirijo a ustedes con mucha pena ya que me he enterado del cierre del emblemático Teatro Alcalá. Un teatro que abrió sus puertas hace 15 años de la mano de la talentosísima actriz española Rosita Nicolet y que el próximo mes será demolido. En su lugar construirán un edificio de oficinas. Un espacio menos para las expresiones artísticas, qué tristeza. Sin embargo lo que más triste me pone es la manera como está terminando. Debo decirlo: desde hace un buen tiempo ya no hay obras de calidad en su cartelera. El otrora prestigioso Teatro Alcalá que en otros tiempos exhibió obras como: “Boeing Boeing” (una exquisita comedia escrita por Marc Camoletti y dirigida por Cristián Campos como un homenaje al fallecido actor español José Vilar), o “El inconveniente” ( divertida parodia dirigida por el español Juan Carlos Rubio, autor de la pieza, e interpretada por la genial Renata Bravo). Ahora sólo exhibe bodrios, sí, bodrios.

Me refiero en particular al espectáculo que me tocó presenciar la semana pasada: “Felipe Avello íntimo”. Mi comentario de este triste show lo resumiré en una palabra: asqueroso. Con razón se acaba el teatro, pensé . Incluso llegue a decirle a mi acompañante, é“ojalá echen abajo el teatro hoy mismo y con ese tipo Avello adentro”. 

La obra, si se le puede llamar así, no es más que una suma de actos groseros y repugnantes de un tipo gordinflón y sucio (el mencionado Avello, quien pretenciosamente se hace llamar “comediante”).

El tipo comienza su monólogo haciendo alusión al tamaño de su miembro viril, y luego procede a tocarse su genitalidad, “ en esta época navideña le pongo luces y lo unto en cola de mono”, dice haciendo referencia clara a su miembro. Luego cuenta que sus compañeras del colegio están tan gordas que en sus estados de Whatsapp no dicen “en línea”, sino “en círculo”.  

Por suerte en ese momento son pocos los espectadores que presencian este flagrante acto de vulgaridad.

Luego Avello procede a realizar un supuesto homenaje al músico Gustavo Cerati. Para eso saca una guitarra desafinada y comienza a interpretar una melodía muy desagradable. Según Avello, esa canción se la cantó al mismísimo Gustavo Cerati en su lecho de enfermo; éste, se habría despertado unos pocos segundos para agradecer la composición. Acto seguido, según Avello, Cerati habría fallecido.

Lo acompaña en esta escena de pésimo gusto, un joven delgado y moreno, quien es presentado como un alguien con problemas congnitivos evidentes. No contento con esto, Avello cuenta que el joven permaneció tres años en incubadora, y que su madre hasta el año pasado habría querido tomar la pastilla de los 23 años después. El escaso publico ríe. El joven moreno baja la vista avergonzado. Avello lo manosea. “Me degeneré”, grita eufórico el bufón. Avello concluye su acto contando que su esposa le pidió que no le hiciera más el amor con calcetines, porque le raspa. “Así que desde ahora haremos el amor como todo el mundo: con condón”, concluye el supuesto actor. La mayoría del público se ha retirado. Tres personas se quedan. Nadie aplaude.

Qué distinto era el panorama en el 2001 cuando en ese mismo escenario Daniel Alcaíno y Daniel Muñoz, junto a sus parejas de aquella época, las actrices Paula Zúñiga y Heidrun Breier, interpretaron “Historias de familia”, un espléndido y a la vez crudo montaje que mostraba los horrores de la guerra de los Balcanes. La emoción de los actores contagiaba a la platea que repletaba noche a noche aquel tremendo espectáculo.

Recuerdo también la hilarante “Orgamos”, dirigida por la argentina Lía Jelín, quien estuvo a la cabeza de una de las obras más exitosas que pisaron el escenario del Alcalá (10 mil espectadores vieron la pieza protagonizada por Loraine Prieto y Remigio Remedy).

Pero ya es tarde para los lamentos y los recuerdos. Aunque no puedo dejar de manifestar mi pena, al ver cómo un espacio que nació para que brillara el talento de nuestros artistas, termina en un antro de vulgaridad y grosería. Pero no hay nada que hacer, sólo llorar y pedir que otros lugares no corran la misma suerte. Ojalá así sea. Porque como dice el poeta, un país sin cultura, no es un país, es sólo un paisaje.

Sin otro particular, se despide un anónimo amante del teatro chileno

RESPUESTA:

Fleto.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe​

 

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