Columna del Padre Hugo Tagle: Hora de balances

Por Padre Hugo Tagle

ejamos atrás Nochebuena y Navidad. Aunque, la verdad, seguiremos celebrando Navidad un par de semanas más. Es una fiesta tan bonita, que la Iglesia le dedica 8 días más en que la celebra como si fuese el mismo día del nacimiento de Jesús. Pero, desde el punto de vista civil, el calendario nos abre al inicio de un nuevo año. Justo tiempo de balances y de lanzar líneas para los próximos doce meses.

Le sugiero aprovechar estos días previos al cambio de folio para hacer un balance personal. Estamos llenos de arqueos, rendimiento de cuentas laborales y demases. Es parte de la rutina de trabajo y así debe ser. Pero, el más importante de los balances es el de la vida personal ¿Cómo estuvo el año? ¿Cuál o cuáles fueron las grandes alegrías? ¿Cuáles las grandes tristezas? ¿Cuál fue mi aporte a mi familia, lugar de trabajo, grupo de amigos, vecindario?

Esta última pregunta no es menor. Tendemos a preguntar qué es lo que gané en tal o cual lugar o evento y poco a preguntar cuál fue mi aporte a los demás. Incluso, sería bueno que hiciera esa pregunta a otros. Seguro se llevará más de una sorpresa al ver que, muchas veces, otros aprecian valores en uno que uno mismo no había notado.

Luego, lance líneas para adelante. Tenemos un año completo, 365 días para hacer el bien y dejar este mundo un poco mejor de lo que lo encontramos. Empecemos el año considerando que el sólo hecho de estar vivos un año más es ya un gran regalo de Dios, motivo suficiente de agradecimiento. Pero a su vez, ello implica una gran responsabilidad. Si Dios me da un año más de vida, quiere que haga algo bueno de él.

Ponga su buena cuota de fe y esperanza en lo que realice. Así el mundo se volverá un mejor lugar para vivir. Por lo tanto, comience el año con una actitud positiva.

Hágase tres propósitos. El primero, en relación a los demás. Vivimos preguntándonos qué provecho sacaré de tal o cual acontecimiento o situación. Llegó la hora de preguntarse más por cuál será mi aporte al lugar donde trabajo o vivo, sea entre los compañeros, vecindario o grupo familiar. Notará que al término del año ese esfuerzo por darse redundará en mayor felicidad para usted. Se gana más en dar que en recibir. Siempre hay alguien en el entorno más necesitado que uno. Rememore las vivencias positivas del año que se va y entierre las negativas. No alimente rencores, que de nada sirven. Sólo envenenan el alma. Propónganse un buen objetivo y compártalo con sus seres queridos. Eso le ayudará a cumplirlo. Se verá obligado a hacer el máximo esfuerzo para cumplirlo.

El segundo propósito tiene que ver con usted mismo. Póngase exigencias altas. Mejor pocos pero buenos propósitos. Y valore más las pequeñas alegrías cotidianas. Para ser feliz, se requiere poco. Así ayudará a que otros también lo sean. Y en tercer lugar, mejore su relación con Dios. Cualquiera sea su credo o religión, practíquela. Quien vive y practica sus creencias, vive en mejor sintonía consigo mismo, con el entorno y los demás. Dios no decepciona ¡Feliz y próspero año 2015!

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