Columna de Raúl Sohr: "Cuba: no hay mal que dure 100 años"

Por Raúl Sohr / Analista Internacional
El costo del bloqueo para Estados Unidos

El costo mayor para Washington es político. El bloqueo ha sido un factor de fricción permanente entre Estados Unidos y el resto del hemisferio. Pero también irrita a terceros países alcanzados por el carácter extraterritorial de las sanciones.

Una empresa española, por ejemplo, que opera en Estados Unidos puede ser multada por comerciar con Cuba.

En términos económicos se calcula que Estados Unidos deja de percibir por parte baja unos 1.200 millones de dólares anuales por concepto de exportaciones no realizadas.
Uno de los  principales impulsores del levantamiento del bloqueo es la US Chamber of Commerce que estima que sus afiliados dejan de percibir 3.600 millones de dólares cada año. 

En la Biblia 40 años son sinónimo de mucho, mucho tiempo. Así, por ejemplo, los hebreos pasan 40 años en el desierto tras el éxodo de Egipto. Nadie, en rigor, sabe cuántos años pasaron errando, tan sólo que fueron muchos. Para las expectativas de vida de la época fue el equivalente a dos generaciones. Desde esta perspectiva los 53 años del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos a la Cuba castrista es un tiempo desmedido.

Su ubicación geográfica, a 90 millas de Estados Unidos, le jugó en contra a Cuba. En su pugna con Washington, tras la revolución en 1959, La Habana buscó una alianza con la Unión Soviética. Así la isla quedó en el ojo de la tormenta. Ello le valió un creciente cerco que culminó en 1962 con un drástico bloqueo. Una medida comprensible en el marco de la Guerra Fría. Pero una vez que ésta concluyó con la implosión del régimen soviético nada cambió para los cubanos. Estados Unidos no tuvo remilgos en establecer óptimas relaciones comerciales con China y Vietnam. Ambos países regidos por partidos comunistas y con similares restricciones a las libertades públicas y ciudadanas. ¿Por qué Was­hington no levantó las sanciones en los 80 con la caída del Muro de Berlín? Cuba ya no gravitaba en las consideraciones de seguridad del Pentágono. Un motivo fue la presión ejercida por la influyente comunidad cubano americana opuesta a la normalización de relaciones. Al respecto tanto sucesivos gobiernos estadounidenses, como el lobby anticastrista, fallaron en el objetivo de lograr un “cambio de régimen”. Flaco favor se hicieron perpetuando en el poder a los hermanos Castro.

Prácticamente el conjunto de las naciones votó año a año en la Asamblea General de Naciones Unidas para terminar con el bloqueo. Los estados latinoamericanos eran unánimes sobre la materia. El tema se convertía en una amenaza para las relaciones hemisféricas. Finalmente, el presidente Barack Obama dio un primer paso para terminar con un caro e inútil anacronismo. Según Abelardo Moreno, vicecanciller de Relaciones Exteriores cubano, las pérdidas para su país alcanzan a los 116 mil millones de dólares desde que rigen las sanciones. Las cifras, en todo caso, no dan cuenta del sufrimiento humano. Una de las limitaciones más duras fue la que se impuso a la venta de medicamentos a la isla. Dada la supremacía de los laboratorios estadounidenses en numerosos campos, algunos remedios no han estado al alcance de los cubanos. En muchos casos han debido pagar precios muy inflados en el mercado informal.

Por el momento La Habana y Washington restablecerán relaciones diplomáticas plenas. El levantamiento del bloqueo será lento dado sus adversarios en la derecha estadounidense. Pero el paso más difícil, el de romper la inercia de más de medio siglo, ya fue dado.

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