Columna de Nicolás Garrido, de Construye Sociedad: Buses y Metro: una falsa dicotomía

Por Nicolás Garrido

En las últimas semanas hemos sido testigos de las manifestaciones de los vecinos de Conchalí, ante la inminente expropiación de algunos de sus parques para la construcción de la línea 3 del Metro, así como de los reclamos por el estrechamiento de sus veredas para incluir corredores para buses del Transantiago, que cruzarán también otras comunas. Estos hechos, entre muchos otros, llevan a algunos a plantear una falsa dicotomía al momento de proponer soluciones para los problemas de movilidad de nuestras ciudades. Y la pregunta más recurrente es: ¿más Buses o más Metro?

No es necesario ser experto para afirmar que el sistema de buses tiene serios problemas, uno de los cuales sigue siendo la irregularidad de sus recorridos. Sabemos que la congestión es uno de los factores que incide fuertemente en este fenómeno, y mientras los buses sigan compartiendo las vías con modos de transporte menos eficientes en el uso del espacio, los tiempos de espera y también de viaje seguirán subiendo, y por ende, el nivel de servicio a los usuarios seguirá decayendo.

Querámoslo o no, un adecuado sistema de transporte público no puede prescindir de los buses. Hay características que los hacen irremplazables, como la flexibilidad de ir “puerta a puerta” y la posibilidad de adaptarse de manera oportuna a nuevas demandas ante el dinámico crecimiento de la ciudad.

¿Cómo acceder, si no, a importantes pero alejados orígenes y destinos, como lo son El Noviciado en Pudahuel o Camino Los Trapenses en Lo Barnechea? Por ello, se hace necesario continuar invirtiendo decididamente en el sistema de buses a través de corredores y vías exclusivas para darles velocidad, semaforización preferente para entregarles prioridad y paraderos de alto estándar para otorgar mayor seguridad y comodidad a los usuarios.

Sin embargo, afirmar que sólo con buses se soluciona el transporte capitalino es tan falso como iluso. Los ciudadanos requieren de medios de transporte más masivos en aquellos ejes con una demanda concentrada, y el Metro definitivamente cubre esa necesidad. Por lo mismo, este modo debe seguir siendo proyectado por aquellas vías más densas y estructurantes de nuestra ciudad, lo cual termina siendo mucho más sensato que cualquier criterio OCDE que podríamos aplicar.

Con todo, es difícil imaginar esta convivencia de buses y Metro sin pensar en un sistema integrado y multimodal que otorgue transporte de calidad a los habitantes de las ciudades chilenas. Por lo mismo, es necesario promover los modos de transporte no por ideología, sino por la solución que entregan al contexto y a las necesidades existentes. Es aquí como, por ejemplo, el teleférico surge como una buena alternativa para sortear barreras geográficas, o los taxis colectivos para conectar zonas menos pobladas, periféricas o en periodos nocturnos. Así también, surge la necesidad de potenciar aquellos medios de transporte sustentables, en donde ya ha habido avances con el sistema de bicicletas públicas y su eventual integración tarifaria.

Pensar un sistema de transporte de calidad para todos es un deber ineludible. Autoridades, agentes privados y académicos debieran asumir este desafío en conjunto, pues ya no caben miradas cortoplacistas y parceladas. Los miles de chilenos que sufren los problemas cotidianos de un transporte público parchado -como los vecinos de Conchalí- no pueden seguir esperando, y es que al final, no hablamos de otra cosa que de calidad de vida.

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