Columna de Jaime Mañalich: Pobres, viejos y enfermos antes que desarrollados

Por Jaime Mañalich

La velocidad con que Chile cambia su demografía requiere atención urgente y una visión de Estado.
Según el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), al 2013 en Latinoamérica había 600,3 millones de habitantes. Chile y sus países limítrofes (Perú, Bolivia y Argentina), tienen 89,7 mill. Chile con 17,6 mill, representa el 21% de este subconjunto y el 2,9% de América Latina.

Proyectado al 2050, las cifras serían 734,1 millones para América Latina y 123 millones para los cuatro países mencionados. Para entonces, la representación de Chile en este grupo habrá caído al 18%. Mientras nuestros vecinos crecerán en 21,3 millones de personas, acá lo haremos en 2 millones.

Respecto a fecundidad, nuestra América tiene hoy 2,2 hijos por mujer y Chile, 1,8; la segunda más baja después de Cuba. En 1999 Chile cruzó hacia abajo la tasa de fecundidad que mantiene constante la población: 2,1 hijos por mujer. Respecto a crecimiento poblacional, mientras la tasa de América Latina es 10,6/1.000; la de Chile es de 8,4. Para el 2040, la población empezará a decrecer, o antes si cae la inmigración.

Mirando la composición por edad al 2050, mientras en América Latina el 17,7% de la población tendrá menos de 15 años, en Chile será 14,4; y la población de 60 años y más, 24,9 y 30,6%, respectivamente.

Es decir, habrá en el país 5,9 millones de personas de 60 y más años.

Nuestro país está en una etapa de transición demográfica avanzada, y el envejecimiento acelerado es el desafío social más relevante a enfrentar. Muchas de las inquietudes que agitan nuestra sociedad hoy son la expresión de este cambio.

Estos indicadores similares a países europeos; pero alcanzados con un nivel de desarrollo económico muy inferior, y en un período más breve, se traducen en pensiones que no se pueden financiar porque no hay ahorro suficiente durante el período laboral, las demandas de salud son crecientes y difíciles de satisfacer, y el nivel de dependencia de la población pasiva respecto a la activa se traduce en la pérdida del “bono demográfico”, entendiendo que el desarrollo del país depende crucialmente de la proporción de activos, al tener tasas de productividad que no aumentan.

En Salud, este panorama plantea dos desafíos: una política ambiciosa de envejecimiento saludable, y un sistema de atención de salud de los mayores más eficiente que no descanse en la hospitalización. Respecto a lo segundo, que se podría denominar “Chile no te abandona”, se requiere establecer los siguientes ejes: acceso garantizado a fármacos de calidad a menor costo para el manejo de las enfermedades crónicas, tratadas por equipos multiprofesionales; fortalecer la hospitalización domiciliaria, crear recintos de hospitalización de baja complejidad para trasladar a los pacientes que no puedan derivarse a su domicilio; financiar cuidado no profesional, que puede estar en manos incluso de familiares.

Es esencial no sobremedicalizar el fin de la vida; recordando que aproximadamente la mitad del gasto en salud se hace durante el último año. El anciano con discapacidad requiere hospitales diurnos y sistemas de rehabilitación. Los centros formadores deben revisar la malla curricular, y hacer foco en las necesidades del envejecimiento.

Las políticas públicas deben basarse en evidencias. Un estudio de la USS mostró que implementar estas acciones para el quintil más vulnerable tiene un costo de US$1.766MM/año. Es necesario contrastarlo con el potencial beneficio de menos hospitalizaciones y mejor calidad de vida.

Acciones complementarias, como un aumento en la tasa de natalidad, o favorecer la inmigración selectiva, son complejas de implementar, y nuestros pobres, viejos y enfermos no esperarán. Ya marchan por las calles, se organizan y, ojo, son los que más votan.

*Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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