Columna de Copano: ADIMARK: La derrota de la crispación

Por Nicolás Copano

La Adimark es una señal: hay un fallo increíble en la estrategia de la derecha. Lo escribimos hace meses en estas páginas: la apuesta por el miedo y la rabia iba a generar en la ciudadanía un agotamiento. No era la estrategia correcta. En el primer año de la apuesta por los cambios, condenar sin ver acción sólo puede generar un piso por mejorar. La sensación del niño que se lleva la pelota para que nadie juegue cuando todos quieren ver el partido se apoderó de la ciudadanía y los castigó. Pero hay algo peor en todo eso: la negación. El error de no descubrir el horror.
 
¿Qué hay detrás del fracaso? Un contexto histórico y social donde todo tiene que ver con todo. Tiene que ver el Caso Penta, con la sensación de que a un grupo lo financian y va por los más pobres (en redes, los fachos pobres, como los definen de mala forma los progres) con una apuesta por el asistencialismo y las sonrisas perfectas para así lograr votos y generar proyectos contra sus propios electores. Tiene que ver el caso de Martín Larraín, con una sensación de que siempre puedes tener buenos abogados conforme a tu bolsillo. Tiene que ver hasta “Pituca sin Lucas”, con la sensación de una audiencia disfrutando la desgracia del que tiene más y el drama humano que transformó a “MasterChef” en “Marxterchef”. Tiene que ver con que el país cambió. E incluso los que tienen menos, y se endeudan más para sobrevivir han viajado más y saben más.
 
Ya no existe el “país Twitter” o el “país Facebook” sino todo ha sido permeado por esa vía informativa. También deja de existir “el cerco” y el filtro. Las élites, que antes eran ejemplares, están un poco desnudas y no entienden, mientras acumulan canas y la sensación de que no existe una sola respuesta frente a la vida. La gente es pragmática en lo económico por supuesto, pero sabe que necesita “una base” y que parece ser que con las regulaciones hay demasiado interés en frenar. Como con los emails de Pablo Wagner se ha generado una desconfianza enorme en la población y ahora se entera y circula y se guarda y vuelve. Cuando sólo habían pocas vías se podía controlar todo. Por desgracia para algunos, y fortuna de otros, el mundo ha cambiado.
 
Y ese mundo que ha cambiado no tiene mucha relación con los que crecieron en la Guerra Fría. En Estados Unidos se descubrió que los Millennials, que a esta hora salen de las universidades y comienzan adquirir poder adquisitivo, tienen 2000 dólares menos de ingreso a la misma edad que sus padres. Obviamente, eso genera un país pidiendo Obamacare. Y aquí reformas. Y por eso Obama y el Banco Mundial aprueban los cambios. Ése es el gran drama que no captó la derecha chilena: no es ser de derecha o de izquierda pedir más derechos. Es simplemente querer incluso mantener lo bueno del modelo, pero con seguridades más grandes. En cambio, su relato de Guerra Fría, de frialdad de mármol, de mesas caoba y golpes y enojo ya no da.

Es un nuevo planeta más salvaje, donde la guerra entre los conservadores y progresistas por el predominio cultural hace ver más cerca a los arrebatos conservadores por el aborto del ISIS que de la paz y el amor de un ser humano. No están entendiendo su tiempo. No están entendiendo la necesidad de propuestas. No están entendiendo nada. No están entendiendo que cuando hay crecimiento la gente no lo sintió en carne propia. No están entendiendo que el empleo que entregaron era demasiado débil para considerarlo. No están comprendiendo que nadie quiere que se metan en su cama. No están siendo parte de un proyecto mejor. No tienen cómo decirte “mira, esta es la mejor vía”. Quizás los otros tampoco, pero se está haciendo algo. Puede fallar, por supuesto. Puede corregirse, pero vale la pena para demasiada gente el riesgo. 
 

Lo que no entendió la derecha en estos años, es que para muchos no hay nada que perder. Porque no tienen nada.
 
Y en medio del desprestigio de los políticos, ver a alguien haciendo algo y diciendo algo (como el cariño enorme que recoge Boric, el caso de MEO o del mismo Ossandón) eso es gigantesco. Porque la misma antipolítica que agotó la derecha con el “estos son los verdaderos problemas de la gente”  ahora se descubre que no era tanto.

A las personas les encanta tener cosas por supuesto, pero todos hemos descubierto que el año que viene se vuelven obsoletas. Lo que le falta a la derecha es descubrir un proyecto. Piñera podría hacerlo, Lily Pérez y Amplitud también. La gente quiere un camino. Pero antes deben dejar de despreciarlos, desde esa derecha de canas que nos amenaza siempre y que ya logró generar lo del cuento de Pedrito y el Lobo: que nadie se asuste con ellos. Finalmente, no entendieron de que a la calle llegaron los hijos y los nietos de la democracia, que en 20 años les preguntarán ¿de qué lado estabas cuando mi hermano gay pedía sus derechos? ¿qué pensabas papá del aborto? ¿qué creías sobre los pobres? Y así. Debe ser terrible enfrentar el horror. 

*Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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