Columna del Padre Hugo Tagle: Contra la indiferencia

Por Padre Hugo Tagle

El pasado miércoles, el mundo cristiano comenzó la cuaresma, con el “miércoles de ceniza”. Serán cuarenta días acompañando a Jesús hacia su pasión, muerte, pero sobre todo, resurrección. El domingo 29 de marzo celebraremos la fiesta de ramos, iniciando la semana grande, la Semana Santa.

El papa Francisco, en su mensaje cuaresmal, nos invita a vivir este tiempo con espíritu abierto a Dios y a los demás.

Toma como pasaje inspirador un texto del apóstol Santiago: “Tengan paciencia; fortalezcan sus corazones porque la Venida del Señor está cerca” (St 5,7-8).

El Papa aprovecha este texto bíblico para invitarnos a volver la vista al Cristo, a no desanimarnos y a alentarnos mutuamente en la expectativa del Señor resucitado.

El llamado de este año es a vencer la “globalización de la indiferencia”, para comenzar esa “renovación cuaresmal” a la que debe conducir este tiempo: no sirve de nada la cuaresma si no cambiamos de vida y no nos abrimos con corazón generoso a las necesidades de los hermanos.

Y el cambio comienza en “no ser indiferente a los demás y no centrarse sólo en sí mismo”.

Las “urgencias” de la vida cotidiana nos llevan a encerrarnos y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él.

La fe termina transformándose en pura evasión, un placebo, una forma de escape ante los problemas del mundo y no en un camino eficaz para afrontar de manera fecunda lo humano y llevarlo a Dios.

El papa Francisco invita a poner la atención en tres momentos para “no ser indiferentes”.

El primero: “Si un miembro sufre, todos sufren con él”. En el que sufre, está Cristo. Lo que sucede al otro, me sucede a mí, lo debo sentir como dolor propio.

El segundo momento responde a la pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. La concreción de la vida de fe se encuentra en la relación con el otro. La fe se debilita y finalmente se desvanece si no se alimenta en la vida de una comunidad: la capilla, la parroquia. La fe cristiana es intrínsecamente comunitaria.

Y el tercer momento es una invitación a “fortalecer los corazones” (St 5,8). La vida de fe se alimenta en la oración, para que el propio corazón se transforme en uno semejante al de Cristo.

“Que nuestro corazón se asemeje al corazón de Jesús. Así tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso”, que no se cierra y no cede a la “globalización de la indiferencia”. El otro, mi hermano que sufre, es otro Cristo. Debo fijarme en él.

Comienza el Festival de Viña del Mar y luego, el año laboral y académico. Un poco de buena música y entretención no hacen mal.

Pero recuerde dejarle tiempo a Dios en este inicio de cuaresma para prepararse bien para el año.

Aprovéchelo bien, llénelo de Dios. Es la mejor manera de vivir mejor.

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