Columna de Andrea Zondek: Cabemos todos en la tierra mía

Por Andrea Zondek /Presidenta Fundación Tacal

Ayer caminaba por la playa y me encontré con una niña en silla de ruedas. Me quedé observándola. Ella miraba desde la calle como los otros niños se bañaban, jugaban a la pelota, se reían y gozaban de lo que debería ser un goce para todos, incluidas las niñas en sillas de ruedas.

Después de un rato, me acerqué y conversamos. Se llamaba Anita, tenía ocho años. Me contó que le gustaría mucho estar con los demás niños, reír con ellos y bañarse, al igual que todos. Sin embargo, esa playa no estaba adaptada para personas que utilizan silla de ruedas. 

 Si hubieran visto sus ojos, gritarían -junto a ella- que es un derecho participar de los espacios públicos. 

En Chile, nuestra Constitución establece en su artículo Nº1, que todas las personas nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Es decir, no hay discriminación de ningún tipo. Eso dice la ley. 

Esto se ha afianzado con normas para asegurar los derechos de las personas con discapacidad, con la firma de convenciones y tratados internacionales, donde los estados -entre los que está el chileno- se comprometen a “asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales para todas las personas con discapacidad” (Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ONU). 

Si bien se ha avanzado en el concepto de playas inclusivas (14 en total entre Arica y Frutillar), falta mucho por hacer. Anita era una niña de Puchuncaví que sólo deseaba estar incluida. Sus padres son personas activas de la comunidad. Sin embargo, no es suficiente para que los avances que se hacen en los diferentes balnearios estén pensados para todos. 

Por esto, se debiera exigir a las personas que postulan a las concesiones de las playas, realizar adaptaciones para que al menos las personas puedan bajar a la playa y acercarse al mar, participar en familia y gozar de un espacio que es de TODOS. El solo hecho de ponerse en los zapatos de los otros, nos permite hacer espacios inclusivos donde todos ganamos; porque no hay que olvidar que la exclusión es una violación de los derechos de las personas.

Desde Fundación Tacal hacemos un llamado para que los alcaldes, gobernaciones marítimas y todas las instituciones que están vinculadas al borde costero se pongan en el lugar de las personas con discapacidad y de esa forma, podamos ver a muchas Anitas gozar de los espacios públicos y aportemos a la construcción de un país, donde tal como dijo Pablo Neruda, “cabemos todos en la tierra mía”.

(Fundación Tacal imparte cursos gratuitos para personas mayores de 18 años con discapacidad. www.fundaciontacal.cl; F.: 227351969 – 227370118; Adolfo Ibáñez #469, Independencia).

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