¿Estamos preparados para enfrentar un nuevo 8.8º Richter? Un sicólogo y un prevencionista de riesgos responden

Por Jaime Liencura
La madrugada del 27 de febrero de 2010 será muy difícil de borrar de la mente de los chilenos a causa del terremoto 8.8º Richter que afectó al 80% de la población del país y del posterior tsunami que devastó las costas de dos regiones de Chile. A cinco años de ocurrido ambos desastres naturales, cabe preguntarse, ¿estamos preparados para enfrentar nuevos eventos como esos?
 
“En términos de estructura y arquitectónica, estamos muy bien”, dice Francisco Contreras Velásquez, asesor en prevención de riesgos en High Service Ingenería y Construcción Ltda. “Hoy la mayoría de los edificios están construidos con una estructura que le permite aguantar un terremoto”, dice. Sin embargo, indica que el problema está en otra parte. 
 
“Generalmente los edificios tienen un protocolo y se supone que la comunidad residente debe conocerlos. Pero la publicación de ese protocolo para algunos es un saludo a la bandera, están ahí, pero nadie los conoce”, declara Contreras.
 
Asimismo, piensa que hay poca preocupación por la materia. “Los conserjes en la mayoría de los casos son guardias y para eso se necesita el curso OS-10. Pero eso no siempre ocurre”.
 
Desde el punto de vista sicológico, el panorama es similar. Según Humberto Marín, sicólogo e integrante de la Sociedad Chilena de Psicología en Emergencias y Desastres (Sochped), “El terremoto es algo que sigue estando ahí, no está 100% superado. El 11 de marzo de 2011 hubo una catástrofe de ese tipo en Japón y el plan de reconstrucción emocional que proyectaron, lo planificado a 10 años. Nosotros estamos recién en el quinto y no creo que nuestra realidad sea muy distinta a la de ellos”, dice.
 
“Chile es un país sísmico y eso es sabido. Entonces nosotros debiéramos ser pioneros en materia de preparación porque, según las estadísticas, un chileno vivirá, en promedio 3,3 terremotos en su vida. Y hoy no estamos preparados completamente”, indica Marín.
 
Soluciones y propuestas
 
Pese a que ambos especialistas provienen de áreas distintas, los dos convergen en un punto: la prevención. Para ellos, es fundamental trabajar en esa área desde la más temprana edad. 
 
“¿Qué cosas podríamos incorporar para estar más preparados? Incorporar, por ejemplo, en el currículum de la educación prebásica, la enseñanza del concepto de un terremoto, un maremoto o cualquier otra catástrofe. Ningún niño en Chile debería desconocer qué es un terremoto, qué es un incendio forestal, qué es una inundación, qué es derrumbe, un asalto o robo, inclusive”, aclara Marín.
 
De hecho, cree que este tipo de capacitación debe incorporarse en todos los niveles de educación. “Un sistema de reducción de riesgos de desastres naturales debe incluir la presencia de ramos de esta materia en los colegios, liceos e incluso en las universidades. Porque piensa que cualquier profesional puede aportar, desde su área, a la reconstrucción emocional del trauma general que genera un hito de ese tipo. A un periodista, a un sicólogo, a un médico, la gente le va a preguntar o pedir ayuda desde sus terrenos y tienen que saber qué responder a la ciudadanía. Por eso, es necesario que existan ramos universitarios que toquen esos temas”, dice Marín.
 
Hablando del colegio, Francisco Contreras Velásquez propone la existencia de un prevencionista de riesgos en los establecimientos educacionales. “Tienes que considerar que en un colegio puede haber desde 500 estudiantes hacia arriba. Hay salas que tienen 40 ó 45 niños, que no van a saber cómo reaccionar y que deben ser guiados por un especialista, que debiera ser contratados por los colegios”.
 
“También sería bueno coordinar ensayos con Bomberos, que tienen más experiencia en esa materia. No sería del todo descabellado organizar alguna alianza con ellos para tener un plan preventivo. La clave es tener un buen plan de preparación”. 
 
Y su visión coincide con la del sicólogo. “Cuando hablamos de preparación, estamos hablando de una escalera de 5 peldaños. El simulacro sin aviso es el último y para subir la escalera se necesitan los otros 4 peldaños, que son educación, capacitación, entrenamiento y simulacro con aviso. Lo óptimo sería tenerlos todos. Ahora, en cualquier caso es mucho mejor hacer un simulacro sin aviso incluso sin haber tenido los otros peldaños, antes que no hacerlo”, finaliza Marín.  
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