Columna de Nicolás Copano: Un pacto social… media

Por Nicolás Copano

Frente a la ola de desconfianza, lo que hay que hacer es entender al país. No basta con las fotos y los acuerdos levantados para cambiar una percepción. Lo que faltan son actos y sacrificio para entender. Escucharlos a ustedes, los que toman el Metro, los que prenden la luz de sus celulares y apagan el peso de la noche de Diego Portales con una notificación.

Por eso, lo que hay que partir es entendiendo qué cambió. Paso a paso. Para construir un camino y volvernos a conectar con un país que pide amor, que clama por atención y que está encendido y alerta en todas las esquinas.

En Chile sólo un 30% de la población no se conecta a Internet, es decir, la gran mayoría de los chilenos estamos siempre en línea. Esto nos transforma en uno de los países con mayor acceso a la red en América Latina. La mitad de los chilenos tenemos un smartphone, lo que nos transforma en una sociedad que está conectada 24 horas, siete días a la semana. Los mensajes hoy llegan a todos. Incluso a los que no están conectados. Están permeados porque los medios masivos también cubren lo que pasa en las redes. Porque en los colegios se habla de eso. Porque en las oficinas se comparte un video.

Las redes sociales hablan. Somos 11 millones los que usamos Facebook para compartir y conectarnos con nuestros amigos. En Twitter somos cuatro millones de usuarios activos los que informamos sobre la actualidad desde todos lados y 1 millón 800 los que generamos el contenido que alcanza la la radio, la tele y los diarios. Lo offline reacciona frente a lo online, cambiando todos los modelos de negocios, desde la publicidad hasta los medios tradicionales. ¿Cómo vamos a creer en la política si se hace en un lugar cerrado? Estamos en la dictadura de la transparencia. Necesitamos saber todo.

Sólo un dato para entender el cambio hegemónico: desde el 2005 hasta hoy, la plataforma de videos más popular del mundo cambió la cultura. Nueve de cada 10 chilenos entramos a YouTube, miramos más de 700 millones de videos al mes y, como mínimo, vemos un promedio de cinco videos al día. Con YouTube no sólo vemos televisión, también hacemos televisión. Y lo mismo pasa con las redes: elegimos lo que vemos. Esto nos ha empoderado.

Las nuevas tecnologías han cambiado totalmente los hábitos de las personas. El monopolio de lo masivo ya no lo posee la vieja guardia de la radio, la tele y los diarios. Lo masivo y lo popular hoy se vuelve segmentado y a la carta. Ya no existe el “gusto medio”. Señores: hoy las ideas impuestas desde las estructuras de élite están quebradas.

Antes podía publicar sólo un número determinado de personas. La imprenta, el gran invento de Gutemberg, no estaba al alcance de todos. Internet, en cambio, es la posibilidad de que cualquiera pueda publicar. Es la democratización total.
Antes las cosas se proyectaban en tiempos. Hoy se demanda una estrategia doble: el día a día y el largo plazo. Estrategia y rebelión en un mundo líquido e inestable. Es una era donde las vidas privadas son cada día más públicas.

Una nueva masividad, que se valida desde el trending topic. Una nueva masividad, lejos de las voces oficiales. Lejos del cuerpo de Reportajes del diario del domingo o de medios anquilosados en el tiempo.
#TheDress, o el vestido, es un caso paradigmático. Surgió como un pregunta de una usuaria cualquiera en el popular sitio Buzzfeed y en cosa de horas se transformó en el tema más comentado del mundo.

La pregunta era muy simple: ¿de qué color es este vestido? Más de 400 mil respuestas en diez horas,la página de Buzzfeed con la pregunta tuvo más de 20 millones de visitas. En el momento más álgido del debate había 670 mil personas leyendo el artículo a la vez.

Fue un debate mundial de un tema al parecer sin trascendencia, pero que permeó no sólo a los viejos medios, sino también afectó al mundo de los negocios. A las pocas horas de suscitar millones de comentarios sobre su color, Roman -la marca que diseñó el vestido- disparó sus ventas en un 350% (el vestido, finalmente, era azul con negro).

Ese aparato es su celular.

Un aparato capaz de cambiar a un fiscal en una investigación nacional. Un aparato capaz de modificar los consumos de la audiencia. Un aparato que logra entregar amor a un público que sólo pide un cosa: ser escuchados.

Así es la sociedad de la fractura entre los de Onur, los Online y los observados. Lo tenemos que entender. Ante todo, por todos.

*Las opiniones aquí expresadas no son responsabilidad de Publimetro

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