Columna de Raúl Sohr: Israel opta por el aislamiento

Por Raúl Sohr / Analista Internacional

Benjamín Netanyahu obtuvo una convincente victoria electoral en Israel. Su éxito le otorgará, con las necesarias alianzas, un cuarto mandato. A lo largo de la campaña se vaticinó que el candidato derechista podría perder los comicios. Una vez contados los votos surgen dos explicaciones ante su robusta votación. Una es que las encuestas se equivocaron y siempre tuvo más apoyó que el registrado por los sondeos. Ello es posible pero poco probable. La segunda causa, la más plausible, es que a último minuto logró galvanizar el voto de la extrema derecha. El as bajo la manga que lanzó justo antes de las elecciones fue que no permitiría jamás la creación de un estado palestino. Una vuelta de carnero en relación a compromisos asumidos seis años antes. Para un sector del electorado, en todo caso, la mano dura frente a los palestinos tuvo un efecto magnético. Al parecer muchos insatisfechos que se aprestaban a un voto de castigo volvieron al redil. 

Para los palestinos la postura de Netanyahu no es una sorpresa. No ha hecho más que explicitar lo que en los hechos era su política de expansión de los asentamientos, secuestro de los ingresos por concepto de impuestos (recolectados por Israel) pertenecientes a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), bloqueo a la Franja de Gaza y una serie de obstáculos a negociaciones con la ANP. En todo caso la declaración de Netanyahu facilitará el accionar político de los palestinos que hoy, con legitimidad, pueden denunciar la ausencia de un interlocutor en el gobierno israelí. 

El Likud, el partido de Netanyahu, pagará un alto precio internacional por su victoria. Las relaciones con Estados Unidos ya están deterioradas luego que el 4 de marzo el primer ministro israelí habló ante el congreso norteamericano desafiando de manera frontal al presidente Barack Obama. En los hechos el gobierno israelí terminó de echar por tierra años de esfuerzos estadounidenses para una negociación con los palestinos con miras a la creación de un estado. Las relaciones con la Unión Europea son frías y tensas. El movimiento que llama a un boicot de las relaciones culturales y comerciales con Israel ha ganado fuerza en sectores de la sociedad civil. Algunas universidades han terminado su cooperación con sus pares israelíes. 

Es de suponer que esta tendencia crecerá en los años venideros. En Europa está muy presente el éxito del bloqueo ciudadano, que incluía accionistas de grandes empresas como algunos fondos de pensiones, impuesto a la Sudáfrica supremacista del apartheid. Como lo reconocieron los propios gobernantes sudafricanos de la época fue un factor importante en el desmantelamiento de la oprobiosa discriminación. Netanyahu puede pretender ignorar a los palestinos pero al resto del mundo probablemente no lo hará.

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