“Allende en su laberinto”: El peso de la historia

Por Periodista Especializado en Cine y Productor de contenidos de Sanfic

Poseedor de una filmografía que abarca una docena de largometrajes a lo largo de casi medio siglo e incluye tanto un hito ineludible en la cinematografía chilena como la estremecedora “El chacal de Nahueltoro”, como títulos realizados fuera del país durante sus años de exilio que incluso le permitieron ser nominado en dos ocasiones al Oscar a la mejor película extranjera, el cine de Miguel Littin ha estado marcado por sus convicciones ideológicas y sociales, así como en las últimas dos décadas también ha abordado de manera directa o indirecta sus propias raíces personales y familiares en trabajos como “Los náufragos” y “La última luna”. Y considerando su cercanía al gobierno de la Unidad Popular y particularmente a Salvador Allende, ya demostrada en trabajos tempranos como el documental “Compañero presidente”, es inevitable que su más reciente película, centrada en las últimas horas del mandatario antes de morir en La Moneda, genere curiosidad y expectativas.

Como Littin ha declarado públicamente, su intención no era realizar un documental, sino una ficción que representa su interpretación personal basada en hechos reales, lo que explica y justifica como lícitas opciones subjetivas las numerosas licencias poéticas y dramáticas que se permite durante el film (las bromas y coqueteos del presidente, o sus relajadas conversaciones con la “Payita” y sus más cercanos, incluso en los momentos en que la situación es más dramática), e incluso permite entender que difumine los momentos finales de Allende en vez de asumir un enfoque más frontal y polémico como el que exhibió en los flashbacks de su anterior película, “Dawson, Isla 10”.

El cineasta busca equilibrar lo cotidiano y trivial con el inmenso peso histórico de una tragedia cuyos ecos resuenan hasta el día de hoy en Chile y el mundo, continuamente subrayada acá por la banda sonora de Juan Cristóbal Meza; vemos a un Allende firme, cercano y romántico, que no quería renunciar, pensaba en llamar a plebiscito para no caer en una guerra civil y confiaba en que el pueblo defendería al gobierno en caso de ser necesario. Por supuesto que para ver y analizar una película así, se hace necesario dejar de lado las opiniones ideológicas de cada uno y concentrarse en lo artístico; y en ese sentido, el resultado no llega demasiado lejos: el guión y sus personajes son planos y esquemáticos, el ritmo es irregular y la puesta en escena no logra evitar que muchos diálogos suenen falsos y casi teatrales, sobre todo por algunas frases demasiado rimbombantes y grandilocuentes.   

En cuanto a las actuaciones, algunas interpretaciones se sienten exageradas, pero de todos modos no se puede dejar de destacar la dignidad y humanismo del “Perro” Olivares que encarna Horacio Videla, y muy especialmente al Allende de Daniel Muñoz: es inevitable que al interpretar a una figura histórica tan emblemática algunos espectadores tiendan a esperar una verdadera “imitación”, pero más allá de que algunos lo encontrarán menos o más parecido, nadie puede discutir su oficio y presencia como actor, en gestos tan mínimos y cotidianos como cuando elige tenida o se ata los zapatos.

“Allende en su laberinto”

Chile-Venezuela, 2014

• Director: Miguel Littin

• Guión: Miguel Littin

• Actores: Daniel Muñoz, Aline Kuppenheim, Horacio Videla, Juvel Vielma, Gustavo Camacho, Roque Valdero

• Duración: 90 minutos

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