Amnistía denuncia persistencia e impunidad de la tortura en Marruecos

Por EFE

La tortura es un hecho en Marruecos y el Sahara Occidental, no ha desaparecido con las últimas reformas políticas y sus autores gozan de total impunidad, según denunció hoy en Rabat Amnistía Internacional (AI) en un informe en el que recoge 173 casos de malos tratos documentados entre 2010 y 2014.

El director de AI-Marruecos, Mohamed Sektaui, resaltó que su organización ha elegido el país magrebí, junto con otros cuatro países en el mundo, porque aquí “hay oportunidades de cambio” dada la voluntad expresada por las autoridades, incluso por el mismo rey Mohamed VI, de erradicar el fenómeno.

Sin embargo, Sektaui subrayó en varias ocasiones “el vacío entre las leyes o el discurso político, y la aplicación de la ley”, pues el informe revela que la tortura es todavía habitual en las comisarías durante la detención preventiva, habitualmente para obtener confesiones.

En la rueda de prensa tomó la palabra un estudiante de la universidad Ibn Tofail de Kenitra, Abderrazak Jkaou, quien relató cómo fue detenido por policías de civil tras unos disturbios en el campus en 2012, y posteriormente sometido a malos tratos.

Jkaou es solo uno de los 173 personas que han sido entrevistadas por investigadores de AI, junto a familiares y abogados, y que la organización considera presentan denuncias fundadas de tortura; entre ellos hay islamistas, independentistas saharauis, salafistas y hasta detenidos por delitos comunes.

Las torturas más frecuentemente practicadas son las palizas, los golpes en la cabeza y los oídos y la obligación de permanecer arrodillado y con los ojos vendados, y en menor medida las quemaduras con cigarrillos, las descargas eléctricas, la violación con botellas o el llamado “pollo asado”: colgar al preso boca abajo, agarrado a una barra por detrás de las rodillas y con las manos atadas a los pies.

Sektaui recalcó que AI ha seguido en Marruecos el mismo principio que en el resto del mundo y ha ofrecido al gobierno marroquí su derecho de réplica, que está recogido en un anexo de 50 páginas junto al informe de Amnistía.

Sin embargo, Philipe Luther, director de AI para África y Oriente Medio, lamentó que las respuestas aportadas por el gobierno marroquí a varios de los casos denunciados en modo alguno desmienten la existencia de las torturas.

Lurthe subrayó que las investigaciones forenses en los casos en que se denunciaron torturas se hicieron sin el necesario rigor y después de transcurrido un tiempo en el que desaparecen los rastros de tortura.

Los directivos de AI recalcaron que la Justicia marroquí está optando por perseguir a los torturados antes que a los torturadores, ya que ocho personas han sido presentadas ante el juez por “calumnias” o “falso testimonio” al denunciar torturas, lo que está favoreciendo el clima de impunidad.

El secretario general de AI, Salil Shetty, extrae una conclusión política: según él, “Marruecos proyecta la imagen de un país liberal y respetuoso con los derechos humanos, pero mientras la sombra de la tortura se pose sobre la detención o el derecho a la diferencia, esa imagen será solo un espejismo”, dice

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