Columna de Nicolás Copano: "Todos contra todos"

Por NICOLAS COPANO

La campaña de Pinochet para mantener el país en su poder apelaba a la idea de “un país ganador”. La secuencia, ha quedado inmortalizada en la textura de VHS en las páginas de YouTube. Los buenos son los que ganan en nuestro inconsciente, son los que compiten y vencen. Y nosotros somos adictos a competir. Por eso esa cultura se ha quedado ahí. Siempre hay alguien dispuesto a defender ese principio.

Los estadounidenses tienen problemas para concebir nuestro fútbol por el mismo motivo: no pueden entender una disciplina donde se empata. Empatar es negar que alguien salió victorioso, es pasar el momento y ya está. Empatar es partir de cero y aspirar a otra victoria, es un acto interesante, del cual abusan los vencedores vencidos también cuando moralmente no pueden sostener otro trofeo. Empatar en el deporte es ubicarse, porque es un deporte y tendría que buscar la concepción de un espíritu superior al triunfo, sino más bien a “elevar” algo. Yo creo que eso es lo lindo del fútbol cuando no es una guerra donde se busca matar a los jugadores de otro equipo.

Hay muchos chilenos que están tan acostumbrados a la desigualdad, que en vez de fomentar generar reglas donde se pueda empatar para comenzar, creen que lo mejor es poder competir para ellos aunque no tengan las mismas herramientas que otros. Y para reafirmar esa competencia están dispuestos a cualquier cosa. Porque “se lo merecen”.

Y si, quizá en base a una escala de sudores y esfuerzo, efectivamente merecen vivir en una nación digna. Y yo creo en eso: que todos deberíamos tener derecho a que si vamos a competir, no importa de donde vengas, pero tengas herramientas que te pongan a hacer algo y ver si llegas al máximo de tus capacidades.

Claro, eso pasaría pero acá no pasa.

Acá sobreviven los que tienen. Y los otros hacen algo muy estúpido y doloroso: pobres contra pobres.
El pobres contra pobres es el truco del discurso de competencia. Porque los que tienen no compiten tanto en realidad: saben y entienden los códigos. Que los otros se maten entre ellos por eso.

La semana pasada el asesinato a tiros de dos manifestantes pro educación gratuita por parte de un muchacho que cumple con todo el perfil de un tipo “duro” (sospecho que en tantos aspectos que dejo a la imaginación donde usted quiere que entre esa definición) dejan a la luz que la cultura es la que probablemente hay que lograr igualar para poder tener un futuro mejor.

La cultura es el vehículo real de cambio. Y es muy importante que tenga el empuje valórico para que la gente tenga preguntas y respuestas. Y que tenga el derecho a hacérselas.

Pero eso no está pasando. Un tipo fue y mató a dos manifestantes. ¿Quién es el responsable?
Yo creo que una forma de ver el mundo es la responsable. Esa donde la superficialidad era más importante que saber, fomentada por la televisión de los 90, la que te dice que la única forma de ser es obtener algo, que es la que alimenta la competencia más loca desde la marginalidad incluso para andar armado y disparar como sicópata.

Obviamente el tema es que la desproporción nace de la competencia sin lógica y por eso un tipo piensa que no le va a pasar nada si mata a dos personas.

Un imbécil piensa eso y los imbéciles que lo rodean también. Y los que alimentan esa estupidez tambien son cómplices de la muerte de dos chicos que protestaban por… ¡tener educación gratis!

Estamos llegando al absurdo donde cualquier idiotez es argumento para lanzar disparos sin sentido. Un mensaje en Facebook se transforma en la caza de brujas sin lógica donde la gente piensa que el arte es un lugar donde “obligatoriamente” te tienen que querer. Y todo es desproporcionado. Y lo peor es que queda desnudo que hay un perfil del agresivo. Es gente con la que no se puede conversar ni discutir nada, porque creen que están mejor que tú cuando a patadas no se logra nada en la vida. Es gente adicta al miedo porque ha sido aterrorizada sobre la diferencia o disentir desde temprana edad.
Ese país horrible se ha construido a tres cuotas, sin pie, sin intereses.

¿Seremos capaces de cambiarlo o al final seguiremos con la propuesta de no hacer nada porque hacer algo es peor que hacer nada?

Así es el país ganador donde terminamos perdiendo todos. Estamos en riesgo todos por culpa del egoísmo sin control.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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