Columna de Raúl Sohr: "Batalla estratégica en Irak"

Por RAÚL SOHR / ANALISTA INTERNACIONAL

La narrativa de Washington y Bagdad apuntaba en una dirección: la contraofensiva contra el Estado Islámico (IS) avanzaba a paso firme. Pero los yihadistas, que han ganado una triste reputación por  degüellos y ejecuciones masivas, dieron la gran sorpresa. Aprovecharon una tormenta de arena para capturar Ramadi, una de las mayores ciudades iraquíes.

La polvareda les dio cobertura de los permanentes bombardeos estadounidenses. Así el IS se acercó a meros 115 kilómetros de la capital.

Tan importante como la captura de la ciudad es la potente señal de incapacidad tanto de Estados Unidos como del gobierno iraquí. Los fabricantes de aviones de  última generación subrayan que sus máquinas operan en toda condición climática. No fue el caso pues la tormenta de arena ocultó a los atacantes. El ejército iraquí una vez más experimentó un colapso logístico. Las tropas que defendían Ramadi, entre las que destacaba su División Dorada, considerada la mejor,  agotaron sus municiones y los que pudieron huyeron en desbanda. La batalla dejó 500 muertos entre uniformados y civiles.

La inevitable interrogante es cómo es posible que los insurgentes fundamentalistas estén bien aperados. En cambio, las tropas oficialistas, que cuentan con enormes recursos terrestres y aéreos facilitados por el Pentágono, carecen de los medios para luchar. La explicación está en un modelo errado de gestión militar en el cual la logística queda en manos de contratistas. A lo anterior se suma  una corrupción de dimensiones faraónicas.

Los voceros militares estadounidenses buscan bajar el perfil del desastre. Su magnitud puede aquilatarse por la reunión de urgencia del presidente Barack Obama con sus asesores de seguridad para analizar el revés. La estrategia de reconstruir al ejército iraquí y respaldarlo con apoyo aéreo no dio los frutos esperados. Algunos analistas consideran que la caída de Ramadi es la peor derrota sufrida en lo que va de la guerra contra el EI. En este caso, a diferencia de lo ocurrido en Mosul, la ofensiva yihadista era esperada y no fue repelida.

El impacto de la derrota ante el EI en una de las batallas decisivas reverberará en todo el Medio Oriente. Tanto Arabia Saudita como Jordania temen que efectivos del EI lleguen a sus fronteras. El reforzado prestigio de los yihadistas incrementará su reclutamiento a nivel internacional. Se estima que unos 20 mil islamistas han viajado a Siria para incorporarse a sus filas.  Ello augura nuevos derramamientos de sangre.

*** Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro.

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