Columna de Beatriz Sánchez: "Intento de suicidio en el Metro"

Por BEATRIZ SÁNCHEZ

Cuando hace tres años, en el verano, se levantó la Región de Aysén, a través de sus ciudadanos, reclamando por sus condiciones de vida en una zona lejana, fría, con problemas de comunicación y extremadamente cara, algo cambió.

No solo evidenció lo lejos -en el amplio sentido de la palabra- que se sienten de Santiago, sino de qué manera las políticas públicas dictadas desde la capital se equivocan una y otra vez.

También nos mostró cómo una comunidad se levantó para luchar por algo que es mucho más profundo que un alza del combustible.  Era una lucha por mejorar la calidad de vida, por el derecho a tener esperanza, por ser escuchados.

No es un misterio entonces el porqué el líder visible de esa manifestación nos impactó a todos.  Desde la pesca artesanal llegó a negociar a La Moneda con un discurso público que nunca había escuchado.  Iván Fuentes hablaba de “ir con cariño”, de “negociar con humildad”, de “poner el corazón en la mesa” y de “llegar con las manos abiertas”.  Nunca hasta ese momento había escuchado a un dirigente, a un político, a un líder ciudadano hablar de cariño, humildad y sencillez.

A mediados de esta semana, fuimos testigos otra vez de un intento de suicidio en el Metro de Santiago.  Una joven se arrojó en la línea 1 y alcanzó a ser rescatada.  No es un hecho aislado durante el año, y todos los años se repite con periodicidad.  En las noticias se reportó como un hecho que generó gran congestión, al paralizar el Metro en plena hora punta de la mañana.  El hecho pasó a ser una anécdota, donde lo relevante fue el colapso del transporte, el atraso de las personas y la molestia general.
¿Tenemos tiempo en nuestras vidas para detenernos a pensar por qué alguien elige un lugar público y masivo para quitarse la vida? ¿Es sólo una casualidad que se prefiera el Metro? ¿Tiene que ver con la vida que llevamos, con nuestra calidad de vida?

Sigo con las preguntas. ¿Hay espacio en nuestra vida para hablar de cariño? ¿Hay cariño en nuestro trabajo, entre nosotros como ciudadanos, desde el Estado?

¿Hay espacio hoy para que las políticas públicas busquen la felicidad de los ciudadanos? ¿Al hablar de reforma a la educación se integran los conceptos de cariño, felicidad, sencillez y humildad?  Cómo es que nosotros perdimos la capacidad de incorporar estos conceptos a la vida diaria, más allá de la familia. Cómo es que hoy no son parte de la construcción de los discursos políticos.

En su reemplazo se instalaron otras palabras: producción, ganancia, crecimiento, competencia.  
Lamentablemente, que una joven se intente suicidar en el Metro no nos hace pensar sobre su infelicidad y nuestra felicidad.  Sobre el cariño o la falta de él.  Finalmente, ese intento de suicidio nos hace hablar de retraso, de plan de contingencia, de falta de competitividad, de problemas de gestión.

Con pavor soy testigo de la forma en que nos han convencido de que las cifras son lo único que vale.  Que la estadística económica define nuestra felicidad y satisfacción.  Que los chilenos estamos mucho mejor que hace 10 años “porque se ha quintuplicado la cantidad de compatriotas que viaja al extranjero de vacaciones”. Que las buenas notas definen al “buen alumno” y que el Simce nos muestra los “buenos colegios”.

Me obligo entonces a mirar de nuevo lo que pasó esta semana en el Metro y que, lamentablemente, seguirá pasando.  Y me obligo a preguntarme: ¿Soy feliz? ¿Hay cariño? ¿Doy cariño?

*** Las opiniones aquí expresadas no son responsabilidad de Publimetro.

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