Columna de Beatriz Sánchez: Falta de sintonía

Por beatriz sánchez

Como periodista, muchas veces, he defendido a los parlamentarios. Me parece que hay mucha injusticia en lo que se denuncia de ellos. Hay harto desconocimiento, además, de su pega.
Creo, contrariamente a lo que se escribe en las redes sociales y se escucha en conversaciones informales, que trabajan mucho. Están las comisiones donde se revisan en profundidad los proyectos de ley y se escucha a las organizaciones relacionadas. Están las horas que se pasan en sala, para votar y escuchar. A eso se suma el trabajo partidario, todos pertenecen a partidos o movimientos políticos. Y a eso se suma el contacto con la ciudadanía a la que representan.
Claro que como en toda organización, hay algunos que se toman más en serio su rol y otros que no. Pero en su gran mayoría, pasan una cantidad importante de horas a la semana dedicados a su trabajo.
Tampoco creo cierta esa expresión de que son “ladrones” o que están en el Congreso para hacerse “millonarios”. Creo que ese no es el atractivo o lo que moviliza a una persona para llegar al Parlamento. El manejo del poder, la toma de decisiones, la influencia deben ser expresiones que se ajustan más.
Creo además que el Parlamento debería ser el reflejo de un país. No espero que sean sólo profesionales universitarios, poseedores de estudios de postgrado. Una élite político-económica. Espero que sean representativos de lo que somos como sociedad, para ello tienen mucho dinero para destinar a profesionales que los apoyen en elaboración, revisión y discusión de proyectos legales.
Lo que sí me impresiona hoy es la falta de sintonía que tienen con la ciudadanía. Lo encapsulados que están en el Congreso. La poca empatía que tienen con lo que pasa en el país. El convencimiento de que están en una situación de privilegio que “merecen”.  La falta de calle.
Es la forma en que me explico su reacción luego de conocer el financiamiento trucho a las campañas electorales. No todos las financiaron faltando a la regla, pero el resto guardó silencio y no se han hecho mayor problema de que sus pares cuestionados sigan en sus mismos puestos, votando leyes como si nada sucediera.
Es la única forma en que me explico que gasten cientos de millones de pesos en campañas electorales, en un país donde el 50 por ciento de los trabajadores gana menos de 250 mil pesos.
Es la manera en que entiendo que reciban viáticos por asistir al Congreso (95 mil pesos por día de asistencia) y que el viático al viajar al extranjero (548 dólares diarios) sea mayor que el salario mínimo, por el que ellos mismos votan. Y se anuncia que se pondrá fin a este “doble pago” como una forma de transparencia, cuando es lo mínimo que se espera.
Así me explico cuando a la hora de señalar por qué no creen en bajarse la dieta parlamentaria, una que es extraordinariamente alta para un país de sueldos tan bajos como Chile (recuerden que el 70% de los trabajadores chilenos gana menos de 470 mil pesos), señalan que habría una fuga hacia el sector privado y pérdida de “calidad” de los parlamentarios.
La desconexión con el Chile real, es la forma en que me explico que estén contratando por una cifra millonaria  a una empresa externa para mejorar la imagen del Congreso y los parlamentarios. Cuando basta con darse una vuelta por las redes sociales para entender qué pasa, por qué pasa y cómo tender puentes para mejorar confianzas.
Mucho de lo que pasa hoy se entiende por la desconexión, por la falta de sintonía, por la distancia del parlamentario respecto al ciudadano.  Ahí está parte importante del problema.  Ahí está, también, parte importante de la solución.

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