Experto en contaminación: Restricción permanente a catalíticos "no tendrá éxito"

Por Nathaly Lepe

La gran cantidad de episodios críticos de la calidad del aire que se han registrado en Santiago durante este año, han hecho reflotar la idea de aplicar una restricción vehicular permanente para los a automóviles catalíticos.

La idea está siendo analizada por el Gobierno, tal como lo confirmó hace unas semanas el ministro de Transportes, Andrés Gómez-Lobo, quien sostuvo que la iniciativa forma parte de las ideas debatidas en la comisión de Pro Movilidad.

Dicha comisión, fue creada en junio del año pasado, con el fin de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos a través de medidas que modernicen el transporte público y contribuyan a descongestionar los grados que existen en diversas ciudades del país.

Sin embargo, para el académico del Departamento de Física de la Universidad de Santiago, doctor Ernesto Gramsch, la iniciativa en su génesis es buena, aunque vaticina que no tendrá éxito.

“En principio la idea es buena, pero tiene un problema grave: están prohibiendo una cierta actividad sin ninguna alternativa”, explica el doctor Gramsch, mientras clarifica que “si no mejoran el transporte público, esta medida no va a servir” pues el sistema no está preparado para absorber el porcentaje extra de pasajeros que vendrán.

Los antecedentes positivos

La restricción a catalíticos en días de preemergencia se traduce en una reducción de 6% del parque automotriz en las calles de Santiago, mientras que en los días de emergencia la disminución de vehículos sube hasta un 15%.

Y aunque las cifras son indudablemente positivas, para el académico de la Universidad de Santiago, es necesario adoptar medidas profundas, que ataquen el problema de fondo: el transporte público, es especial el Transantiago.

“Cuando se implementó el Transantiago, hubo mucha gente que dejó de utilizar el transporte público y, desde ese día, el número de vehículos ha aumentado más de lo que lo hacía antes del cambio”, explica el especialista. Enfatiza que, desde esa perspectiva, “el sistema de buses no cumple el objetivo para el cual fue diseñado”.

“Los mismos encargados de trasporte saben que, cuando se hizo el cambio del sistema de micros amarillas al Transantiago, bajó la cantidad de personas que utilizaban los autobuses. Por lo tanto el plan falló en lo más importante, es decir en transportar pasajeros”, expone  Gramsch.

Si bien lo ideal sería reducir a la mitad la cantidad de vehículos circulantes, se necesitan decisiones de largo plazo, enfatiza. Por ejemplo “aumentar las líneas de Metro, a muchas más o  mejorar el sistema de buses cuya frecuencia actual es muy mala” propone el académico.

Aparentes soluciones que no funcionan

En caso de prosperar la restricción a vehículos, el académico del Departamento de Física de la Universidad de Santiago, afirma que el efecto que se producirá es totalmente diferente al esperado.

“Lo que ha ocurrido en muchos países, donde se ha implementado este tipo de medida, es que simplemente la gente empieza a comprar más autos, creando una alternativa para cuando corresponde restricción”, explica el investigador. Esto, incrementa el universo vehicular y contribuye a congestionar las ciudades. “Cuando le toca a uno, usan el otro. Por lo tanto aumenta el parque vehicular y la medida no sirve”, reflexiona.

Respuestas como ‘usar el auto del vecino’ en días de restricción no funcionan, estima el académico. Según éste, son adecuadas para lugares, donde los viajes son largos y aglutinan muchas personas.

“Si hay mucha gente que tiene que venir desde Buin a Santiago a trabajar, ellos podrían compartir auto”,  sin embargo en la capital es difícil que pase eso, opina el Dr. Gramsch. “Alguien que vive en Ñuñoa puede trabajar en Santiago, pero no necesariamente su vecino. Por lo tanto, no creo que sirva esa medida”, concluye.

 

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