Columna de Alida Mayne-Nicholls: "La princesa primavera"

Por ALIDA MAYNE-NICHOLlS

Hace un tiempo leí en el blog de Eterna Cadencia que La princesa primavera de César Aira era uno de esos libros imposibles de conseguir. Editado en 2003 en México, el texto era una rareza, pero a partir de este año contamos con una reedición de Emecé. Es parte de la colección Biblioteca César Aira, que está continuamente reeditando sus obras. La presente edición ha privilegiado una portada colorida y con ilustraciones que parecen remitirnos –o jugar- con la idea del texto para niños. El carácter fabuloso de la historia se arma, entonces, desde un primer momento, apenas tomamos el libro en las manos.
La princesa primavera es un texto breve, en que el reino de la princesa Primavera se ve amenazado por su pariente y enemigo ancestral, el general Invierno. Dicho así parece simple: la invitación a participar de una fábula de corte maravilloso, en que la primavera peligra ante el avance inesperado del invierno.

Pero, aunque el afán sea permanecer dentro de la ficción y, como dice el escritor Ricardo Strafacce, se busque prescindir “de cualquier determinación ajena al relato”, una no puede desentenderse de la lectura metacrítica, si bien, esta no está realmente escondida. Aunque princesa, Primavera no posee un reino poderoso o rico: sí vive en un palacio, ubicado en una isla que apenas cuenta con una aldea pesquera y algunas zonas inexploradas; pero mantiene todo gracias a lo que gana (y no está bien pagada) traduciendo novelas de calidad cuestionable al español. Ella es una profesional, organizadísima y ultra responsable en sus entregas y, si bien considera que lo que traduce es predecible e incluso estúpido, valora que los lectores de esos libros lean simplemente por placer y no por estudios o para lucirse en una conversación.

Así que una escapa a la ficción de la fábula del reino, desde el momento que se sabe que la isla en que vive la princesa queda en Panamá o del detalle del pirateo de libros –porque Primavera traduce libros por lo cuales no se ha apagado ningún derecho-. Entonces el general Invierno, ¿está poniendo en peligro la isla o las traducciones? ¿Está poniendo en peligro estos libros de supuesto fácil consumo? De momento, está sacudiendo esa pequeña burbuja caribeña en que la princesa dedica sus días a traducir y pasear por el jardín. Es decir, está haciendo que sucedan cosas, que el tiempo siga adelante y que haya cambios, en vez de permanecer todo en una especie de suspensión. Lo que hace la invasión de Invierno, secundado por su secuaz Arbolito de Navidad, es remecer las cosas. Cuando se acaba el tiempo suspendido, todo puede pasar: hombres travestidos en princesas, muertos que reviven, invasiones realizadas a punta de helados. El final de esta fábula solo puede ser más loco que todo lo que se ha acumulado a lo largo de las páginas, incluyendo el cómo enfrentar a un enemigo armado hasta los dientes vestida como princesa de vestidos abultados y rizos perfectos.

Inevitablemente leer –sea un texto de consumo fácil o complicada interpretación- hace que pensemos y eso nos saca de estar perdidos en nosotros mismos; porque pensar, imaginar, provoca cosas. Algunas son simples: reír y divertirse con las aventuras de la princesa Primavera. Pero este libro, que es y no es, al mismo tiempo, cuento de hadas –estoy pensando leérselo a mi hijo, de hecho- también nos lleva a reflexionar.

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Aira, César. La princesa primavera. Argentina: Emecé, 2015

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