Columna de Raúl Sohr: Robots asesinos

Por Raúl Sohr

La fantasía de muchos uniformados es contar con armas que los pongan a salvo del fuego enemigo. Ya existen sistemas de armamentos que cumplen con esta condición. Los aviones no tripulados o drones realizan misiones riesgosas que solían ejecutar pilotos.
Esta semana el tema fue debatido en Buenos Aires en la Conferencia Internacional Conjunta de Inteligencia Artificial. Allí se analizó el alcance de las armas autónomas que seleccionan y atacan objetivos sin intervención humana. En una carta enviada a la conferencia por el físico Stephen Hawking y el lingüista Noam Chomsky, encabezando a cientos de científicos que investigan el desarrollo de la inteligencia artificial,  instaron a una prohibición mundial de las armas autónomas. Señalaron que pueden desatar una tercera revolución del armamento equivalente a la invención de la pólvora y la energía atómica.
Los partidarios de la automatización de la guerra señalan que las máquinas no tienen sentimientos. Por lo tanto no actúan bajo la influencia del odio o el ánimo de revancha. Además a diferencia de los prejuicios humanos los robots pueden ser desprogramados. Por otra parte, se apunta a que poder lanzar operaciones bélicas, sin riesgo de bajas humanas, baja el umbral político que inhibe desatar una campaña.  
En los hechos los sentidos humanos son limitados para acompañar lo que ocurre en un campo de batalla. El ojo y el oído son incapaces de detectar aviones  supersónicos. La velocidad entre el sensor y el gatillo, o el tiempo entre la detección de una amenaza y la respuesta es tan corta que sólo puede ser asumido por sistemas automatizados. Éste es un fenómeno que ya está presente en muchas operaciones bélicas. De continuar esta tendencia una proporción creciente de las decisiones serán tomadas por máquinas.
Un paso más es un cruce entre soldados y robots como lo son los exoesqueletos que cuentan con avanzados programas operativos como los que figuran en el film “Avatar”.  Estos sistemas permiten una enorme autonomía a los efectivos que pueden operar digitados desde mandos centrales. Algo que hoy se denomina el anillo de fuego, que permite concentrar en tiempo real una serie de plataformas de armas sobre un blanco. Será  difícil excluir la AI de los futuros ingenios bélicos. Basta que un país tome la delantera en este campo para que otros acompañen una carrera por no quedar atrás. Un proceso siempre estimulado por los  fabricantes de armamentos ansiosos por copar nuevos mercados.

La proliferación robótica
Es difícil, pero no imposible, detener el desarrollo de las armas autónomas. La experiencia con las armas atómicas es mixta. Ha crecido el club nuclear, pero al menos se ha impedido la diseminación de ojivas atómicas. Todo depende de la voluntad política de la comunidad internacional. Hay, sin embargo, una arma de nueva generación cuyo desarrollo fue prohibido mediante tratados. En 1998 fueron vedadas las armas laser que causaban ceguera. Algunos buques ingleses llegaron a tenerlas para emplearlas contra los pilotos de aviones atacantes. Gracias al acuerdo se detuvo la producción en serie de estas armas.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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