Columna de Felipe Espinosa: Asia

Por felipe espinosa

Ha sido memorable la espera del agua caída, que con derechos y deberes, con suerte y desgracia por fin se ha acabado. Tenemos un pequeño respiro a la sequía que tantos problemas y alzas involucra, tenemos respiro en los pulmones al ver purificado el aire y tenemos frío.

Después de nueve meses de espera estábamos junto a mi mujer en la víspera de un nuevo parto. Tranquilos por la experiencia previa, pero nerviosos como corresponde a semejante momento, nos decidimos a regalarnos una última cena. Decididos a tomar sopa nos fuimos directamente al Temple, restaurante anclado al hotel Intercontinental en su última remodelación.

Día de lluvia exquisita que se disfruta de manera distinta bajo la gran fachada de ventanales que emulan una pirámide, el agua corre por las paredes mientras vuelan las hojas de los árboles, un extraordinario espectáculo invernal capitalino. Lo irreverente de una mesa posicionada sobre una piscina es el eje central del salón que nos cobijó en esta última cena.

El personal de servicio es diligente y bien instruido dado el idioma que encabeza cada preparación, con la ayuda de una tablet el menú se lee rápido y se deja observar gracias a las fotos.

Desde el sushi bar pedimos poco, “niguiri unagui” fue el aperitivo para saborear un trozo de la deliciosa anguila ahumada. De segundo nos convocó una típica comida callejera de cualquier barrio asiático: “takoyaki”. ¡Estaba increíble! Perfectas bolas de masa rellenas de pulpo condimentadas y bien sazonadas con algo de escamas de bonito y huevitos de pez volador.

Como principal escogimos un bien salteado “yaki udon”, pasta larga con trozos de carnes surtidas y verduras, mucho sabor a especias, todo muy suculento.

Por otra parte a lo que íbamos, había un especial de sopas. De las cuatro en oferta solicitamos la “tempura udon”, un increíble caldo “dashi” con pronunciado sabor a huesos de animal y a pasta de poroto de soya fermentado. Servido con verduras y camarones tempurizados crujientes que al calor del vapor se emblandecían.

Para el postre le hicimos el quite al reiterado ofrecimiento de recetas tradicionales gringas de hotelería y nos quedamos con una interpretación de la repostería oriental, pedimos “matcha”, una refrescante copa con helado de té verde y sobre él un dulce de porotos rojos.

Desconfiados al principio pero muy contentos finalmente de nuestra elección. lo delicado del helado y lo áspero del poroto logran un equilibrio en textura y dulce.

Temple tiene una ubicación privilegiada en el medio de todo y cerca de todos, los precios son acordes a lo ofrecido superando ampliamente mis expectativas y lo mejor es que son incluyentes, no se encasillan en una nacionalidad sino que se esmeran por ofrecer cocina japonesa, china, coreana y otras que los hace diversos y entretenidos.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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