Columna de Hugo Tagle: Corazón solidario

Por P. Hugo Tagle

Esto de ser solidarios, nos cuesta. Los chilenos somos de los pueblos menos comprometidos con causas solidarias de la Ocde. Quizá podemos participar de grandes campañas de ayuda en momentos concretos del año pero, al momento de ser perseverantes, nos cuesta. Nuestro compromiso con una causa de largo aliento es bajo. Usted mismo ¿está inscrito en alguna obra de beneficencia? Y si lo está ¿hace cuanto tiempo? Existe una alta volatilidad en este campo. Nos inscribimos a una u otra obra pero, al poco andar, la dejamos. Dejamos de participar de las reuniones, dejamos de pagar las cuotas, cambiamos de proyecto.
Hágase la idea de que gente a quien ayudar, tendremos siempre. Es un cuento de nunca acabar. Por lo que uno siempre y en todo lugar debe preguntarse ¿qué puedo hacer por los demás? Si se es cristiano, tanto más. El hombre de fe ve en el necesitado el “rostro de Cristo” como dice el Padre Hurtado. Jesús sigue caminando entre nosotros, en el más pobre, en los huérfanos, en las madres solteras, los enfermos, los inmigrantes.
Agosto es el mes de la solidaridad. El próximo martes 18 celebramos la muerte del fundador del Hogar de Cristo, su paso de esta vida a la definitiva. Por ello, dedicamos todo el mes a lo que él dedicó toda la vida: a darnos un poco a los demás. Quien da, recibe mucho más. Nunca se empobrece si se da con generosidad. Al revés: quien no regala, el egoísta, termina empobreciéndose y, lo más triste, termina solo. Podrá acumular muchos bienes. Pero de nada le servirán en la otra vida.
Solo tenemos esta vida para ayudar. No la desperdiciemos. “Hay más alegría en dar que en recibir”. Lo experimentará así.
No es fácil ayudar, es cierto. Tantos que han tendido una mano y se han sentido decepcionados. ¡Tantos que abusan! Es un reclamo constante. Pareciera que algunos nacieron solo para estirar la mano. Pero ¡no se desanime! Quien hace el bien, nunca se equivoca. Puede ser que una u otra ayuda no sea a la persona indicada. Pero ha hecho el bien y eso, Dios lo valora. Así y todo, es bueno ayudar con eficiencia. Para eso, canalice su generosidad a través de una institución confiable. Hoy las instituciones de caridad dan cuenta pública de sus entradas y gastos; de las personas a quienes han ayudado; de la administración de sus ingresos. Transparencia, como debe ser. Así se focaliza la ayuda en quienes realmente lo necesitan.
Nadie es tan rico que no necesite un gesto de solidaridad, un consuelo o palabra amable. Y nadie es tan pobre que no pueda tender la mano a otro. Dios siempre nos coloca al lado a alguien a quien ayudar. Agradezca que sea así. Es un privilegio el dar. Uno se engrandece y engrandece a los demás.

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