Columna de Hugo Tagle: ¿Qué haces ante la cultura del exceso?

Por P. Hugo Tagle

Este invierno será uno de los más secos del decenio y, en lo que toca a Santiago y capitales de regiones, de los más contaminados. Hay que hacerse a la idea de que los próximos lustros no serán distintos. Tendremos tiempos de sequía cada vez más agudos y cortos e intensos tiempos de lluvia. El cambio climático, que describe muy bien el papa Francisco en la encíclica “Laudato Si” sobre el cuidado de la casa común, es una realidad amenazante.
Hay algo más de responsabilidad por el entorno y medio ambiente. Leía por ahí que los chilenos estamos más ahorrativos en el consumo de energía por ejemplo. Quizá sólo porque es más cara y no tanto por convicción. Usted mismo, ¿qué hace por cuidar el medio ambiente? Cada modesta iniciativa sirve. Desde el reciclaje de la basura en las casas y colegios, hasta apagar la luz o el televisor si no hay nadie en la pieza o viendo tele. No sólo lo agradece el medioambiente. También el propio bolsillo.
El papa Francisco nos llama la atención ante esta “cultura del derroche” o del exceso. En que pareciera que seremos más felices si gastamos y consumimos más. Y es a la inversa. Quien lleva una vida sencilla, la aprovecha mejor.
Ojo, que el exceso de bienes hace finalmente mal. Quien se apega demasiado a lo material, termina solo y, lo peor, lejos de Dios, aunque crea estar cerca de Él.
Me contaba un amigo que llevó a sus niños a un gran centro de diversiones. Gastó un buen dineral. Y, al final, los niños se entretuvieron buena parte de la tarde en el columpio. Ellos, los adultos, terminaron aprovechando los exóticos y complejos juegos que ofrecía el centro ¡para no perder el dinero!
No se trata de renunciar a las bondades de la técnica y adelantos de la modernidad. Hay que agradecerlos y ocuparlos bien. Pero es el exceso de ellos los que nos están ahogando y estresando más de la cuenta.
Pienso en tanto artilugio tecnológico subempleado. Hace unos días veía a un niño en el metro con una tablet de última generación jugando no sé qué juego. Y pensar que, con la mitad de ese equipo, podría hacer lo mismo.
Apueste a llevar una vida más sencilla, tranquila, acorde con el ritmo de la naturaleza y no con el que nos hemos autoimpuesto de frenesí, ajetreos, carreras y bulla. Eduque a sus hijos a apreciar las bondades de una vida más simple, de gozar lo cotidiano. Notará que, poco a poco, es más feliz, vive mejor, disfruta de las pequeñas alegrías cotidianas y termina queriendo más a su familia y entorno.
Agosto es el Mes de la Solidaridad. Quien ayuda a otros, quien tiende una mano para auxiliar a quien pasa necesidad, vive más feliz. Se es más feliz en dar que en recibir. Dios nos coloca a alguien necesitado cerca. Tiéndale una mano. Con ello, agradecerá más lo que tiene y de paso hará una buena obra. Que pasemos agosto más felices. De cada uno depende que sea así.

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