Columna de Alida Mayne-Nicholls: "Amor" de Juan Emar

Por ALIDA MAYNE-NICHOLLS

Amor tardó cerca de noventa años en convertirse en un libro publicado y ese puro hecho ya lo hace interesante. Hasta antes de que el texto se editara bajo el sello de La Pollera, era un manuscrito que data de los años 1923-1925; solo una pequeña parte –las primeras páginas– estaban mecanografiadas por el mismo autor. El que las páginas estuvieran escritas a mano nos hace pensar que Juan Emar no había tenido la oportunidad de revisar y corregirlas. El libro nos presenta a un protagonista interesado en el arte y la literatura que se llama Juan, y su relación amorosa con María, un primer y apasionado amor. No nos enteramos de la historia de mi primera fuente ni a través de un narrador omnisciente que explique todo, incluyendo las incongruencias en el actuar de Juan. Accedemos a su historia a través de los papeles, documentos y cartas de Juan que son revisados, analizados, digeridos y recompuestos por un tercero: una suerte de estudioso de la estética y de la vida de Juan. La ficción del texto se une a la realidad del texto, tomado por dos editores –Simón Ergas y Nicolás Leyton- que se aproximaron a todas esas páginas manuscritas, las estudiaron, las pasaron en limpio y que tuvieron que tomar ciertas decisiones editoriales a medio siglo de la muerte de Emar.

Juan Emar es el seudónimo de Álvaro Yáñez. Para cuando escribí Amor, estaba comenzando a adoptar ese nuevo nombre. No es un detalle teniendo en cuenta el formato y contenido de su libro, que más que texto experimental parece un ensayo acerca de sí mismo, su visión del arte y de la literatura, de la vida: su estética conformándose a través de lo que parecería una simple historia de amor. El relato descansa en Juan; María es apenas un personaje destinado a complementar al protagónico; a veces parece la antropomorfización de su estética y otras, un espejo, como pareciera ser cuando se la describe como rara, neurótica para algunos (lo que para el editor-personaje no es más que otra manera de decirle rara a una persona), poco comunicativa, misteriosa, dulce, coqueta y gran conversadora en la intimidad.

A medida que avanza el relato, vamos viendo las distintas etapas pos las que pasa Juan, cómo prueba distintos métodos para aproximarse a la realidad, cómo planifica sus escritos, cómo retrocede sobre sus pasos cuando siente que ha perdido el norte. Su relación con María no es menos inusual. Ciertamente es un hombre tratando de formarse autor; un escritor tratando de hallar su propia voz, conseguir no solo voladeros de luces ni goces extáticos pasajeros, sino un prolongado beso apasionado con su amor; es decir, la consumación de su voz y cómo plasmarla en su obra.

Para los fanáticos de Emar, este libro puede arrojar ciertas luces, revisar desde dónde venían sus textos y cómo reflexionaba acerca de su propia actividad. Puede haber hecho eso simplemente en un diario íntimo; pero el que lo hiciera experimentando a través de una narración ficcional muestra que, aunque deseoso de buscar su voz autoral, estaba bien seguro de tener una, aunque fuera en estado germinal.

Para los demás, sin embargo, puede ser un texto de difícil lectura en que el narrador es demasiado condescendiente con el Juan textual, tildándolo sin escrúpulos de genio y excusando todos sus avatares.

Al mismo tiempo, es una muestra impecable de trabajo editorial y de rescate de textos inéditos de la literatura chilena.

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Emar, Juan. Amor. Santiago: La Pollera Ediciones, 2014.

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