Columna de Beatriz Sánchez: Hacer las cosas bien…

Por beatriz sánchez

Anda circulando un whastapp después del terremoto que es gracioso, pero dice una gran verdad. Es una advertencia a los extranjeros que viven en Chile de que en caso de temblor hagan lo mismo que hacen los chilenos. Allí se establece que sólo después de un temblor grado seis el chileno se preguntará “¿está temblando?”, mientras cualquier extranjero ya declaró el terremoto. ¿A qué alude esta historia? A cómo nos hemos ido acostumbrando a que éste es un país sísmico y “nos temblará toda la vida”.

Más allá de la anécdota, quiero focalizar en algo que nos dejó este nuevo megaterremoto: el aprendizaje. Sí podemos decir que aprendemos las lecciones. Sí podemos decir que vamos internalizando lo que nos sucede. Sí podemos decir que modificamos nuestras conductas. Sí podemos decir que logramos prevenir, pese a que es lo más difícil de hacer.

Debo reconocer que me llenó de orgullo ver lo que pasó inmediatamente después del terremoto del miércoles. No sólo porque me gustó la reacción de las autoridades, tanto a nivel nacional como en regiones y comunas. No hubo sobrerreacción ni grandilocuencia en la puesta en escena. Fue rápida, contundente y clara.  El ministro del Interior en la Onemi señalando que se iba a evacuar todo el borde costero del país. La Presidenta, en una segunda línea -como debe ser- a La Moneda, a la espera que el comité de emergencias le informe. Pero me llenó más de orgullo la reacción de las personas, la reacción nuestra, la de los chilenos. Cada uno sabía lo que tenía que hacer. Se evacuó en tiempo récord y era ¡un millón de personas! Se siguieron las instrucciones en calma, se asistió al vecino y se ayudó al visitante.  

Lo que pasó el miércoles y de noche, es un ejemplo impecable. Debemos estar orgullosos. Es tema en el mundo -que con bastante extrañeza- nos mira sin entender muy bien cómo no hay pánico colectivo, cómo las pérdidas humanas (siempre lamentables) son pocas, cómo los edificios resisten, como los servicios básicos se mantienen. En definitiva cómo seguimos en relativa normalidad después de un megaterremoto.

Tantas veces, en este mismo espacio he criticado y denunciado. Pero hoy, feliz, aplaudo. Hoy me siento orgullosa. Hoy reconozco que se han hecho las cosas bien. Hoy digo que sí aprendemos de nuestros propios errores.

Pero el aprendizaje no partió ese triste día de febrero del 2010 con el 8.8. El aprendizaje, el carácter preventivo, la preparación en el país partió mucho antes.

Después de la devastación de varios terremotos en el siglo 20, principalmente el de Valdivia -que es el más violento que ha registrado la historia mundial-, cambiamos radicalmente nuestras normas de construcción. En Chile existe uno de los reglamentos de construcción antisísmico más riguroso del mundo. Y no sólo existe sino que se cumple. Esto abarca planificación adecuada, estudio acabado de los suelos y uso de materiales como concreto y fierro.

A esto se suma la conciencia que existe de no salir arrancando y ubicarse en un lugar seguro dentro de los edificios. Lo aprendemos mirando a nuestros padres, lo aprendemos también en los colegios desde chicos. Espontáneamente nos alejamos de ventanales, nos protegemos de la caída de cosas y nos ubicamos en los espacios que consideramos más seguros de nuestras casas o trabajos.

Y ahora sumamos masivamente el subir a zonas altas o de seguridad si estamos en la costa. Pese a que el 2010 el tsunami fue el que provocó más víctimas, si no hubiese sido por la autoevacuación de cientos de miles de personas, las pérdidas humanas habrían sido muchísimas más. Después de esa tragedia aprendimos. Se organizaron muchas evacuaciones preventivas donde participaron miles de personas. Y el miércoles se demostró cuánto más sirve prevenir que curar.

Puede sonar a chiste pero nos hemos ido acostumbrando a que en este país la tierra se mueve, y se mueve mucho más de lo que quisiéramos. Ya me lo dijo una vez un sismólogo: un chileno en su vida debería tener unos cinco megaterremotos en el cuerpo. Nos pueden inquietar, nos pueden asustar, pero sabemos reaccionar cada vez que tiembla. Tenemos temple para enfrentar a esta naturaleza.

Insisto entonces. Estoy orgullosa de nosotros. Y si soy dura en criticar lo que como chilenos hacemos mal, soy honesta en destacar cuando las cosas las hacemos bien.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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