Columna de Beatriz Sánchez: Yo admiro…

Por beatriz sánchez

Hace sólo unas semanas, mientras hacíamos el programa en radio La Clave donde trabajo, uno de mis compañeros, Pancho Eguiluz o Álvaro Escobar, preguntó a quién admiramos hoy. La pregunta parece simple, pero es interesante. Parece simple porque todos admiramos a alguien. Pero se preguntaba por Chile, por personas públicas, más allá de la mamá o el papá. Y es interesante, porque hoy con lo desacreditadas que están las instituciones y junto con ellas las personas que las integran, es difícil responder.

A eso agrego que se ha vuelto casi un deporte nacional criticar a la que llamamos “clase política”, a las autoridades, a los directores, a los que opinan.  Entonces salir públicamente a decir que se admira a alguien es ir contra la corriente. Es colocar un molde positivo a un negativismo que se ha apoderado de todos, me incluyo.

Es fácil en un ambiente como éste sobredimensionar las cosas. Hablar de una crisis sin fondo, decir que todo está pésimo, que no hay salida o el “que se vayan todos” como he leído muchas veces en redes sociales.  Y esa expresión es bien terrible. ¿Qué quiere decir que se vayan todos? ¿Qué no exista Parlamento? ¿Qué no haya políticos? ¿Qué no se haga política? Cuidado, eso se parece mucho a una dictadura.

Hoy no me trago ese estado de crisis terminal. Sí, hay crisis; sí, nos estamos cuestionando; sí, hay desconfianza. Pero también nos estamos conociendo y sabemos que hay que hacer cambios.

Por eso quiero hacerle, en esta columna, el quite a la desconfianza. Y quiero hablar de las personas que nos devuelven confianzas, personas que han “jugado” todo lo que tienen por un objetivo, que se han lanzado contra el “mal poder” y pese a no triunfar en lo formal, sí lo hacen en nuestra conciencia y en nuestro comportamiento.

Entonces cuando me preguntaron a quién admiraba hoy en Chile, yo sí tenía respuesta. Yo admiro totalmente a los denunciantes del caso Karadima. Admiro completamente a James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo.

Y los admiro porque fueron valientes al decidir denunciar cuando todo estaba en contra, para ellos y sus familias. Porque lo intentaron primero siguiendo todo el “conducto regular”. Porque no se escindieron y dieron sus nombres y pusieron sus caras. Porque hicieron algo que decenas de otros nunca se han atrevido a hacer. Porque pelearon contra el poder de la Iglesia católica. Porque se enfrentaron al prejuicio del país. Y porque hoy, cinco años después, siguen luchando.

Ahí está el ejemplo de lo mejor de nosotros. Que también existe. Que convive con lo que hoy llamamos lo peor. Está el ejemplo de que los chilenos no somos cómodos, ni ladrones, ni nos ponemos donde “calienta el sol”, ni todos somos vulnerables al dinero que nos ponga sobre la mesa alguien como Ponce Lerou y Soquimich. Revela que podemos navegar contra la corriente, que podemos pararnos por nuestras convicciones aunque tenga costos personales.

Con los tres denunciantes del caso Karadima, dimensionamos mejor el país al que pertenecemos.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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