Columna de Nicolás Fuenzalida: Volver a lo simple

Por Nicolás Fuenzalida P.

Dice el cuento que un turista llega a la casa de un sabio maestro y ve cómo éste vive con sólo un colchón y unos pocos libros.
– Maestro, ¿dónde están tus muebles?, preguntó el turista.
– ¿Dónde están los tuyos?, replicó el sabio.
– ¿Los míos?, pero si yo sólo soy un visitante… estoy aquí de paso.
– Lo mismo que yo, dijo el sabio.

Veo el Chile de hoy y veo cuán lejos estamos de “estar de paso”. Pareciera que toda acción y palabra que tomamos está mediada por mensajes de texto, mediciones de satisfacción, encuestas, trending topics, inclinaciones políticas, justificaciones morales o simplemente “llenas de ruido”.

Repaso los titulares de prensa del año en curso de mi querido Chile y veo con tristeza cómo tanta gente tironea de un lado para otro, tratando de denunciar abusos “por empate” -donde ningún color o institución pareciera salvarse-, como si la justicia fuese una igualación de injusticias en lugar de una búsqueda permanente de lo que cada cual se merece como ser humano libre y responsable.

Desde en medio del ruido, me encantaría hacer un llamado a la simpleza. A aquella que nos impulsa simplemente a promover todo lo bueno y quitar lo malo. ¿Qué tan complejo puede ser?

Volvamos a lo simple. Me encantaría ver todo el año al Chile del 18 de septiembre, a la solidaridad que brota ante los desastres, a la emoción de la Copa América, donde todos entendemos que somos parte del mismo equipo. Me encantaría ver en las calles de Santiago al Chile de las ferias de barrio, de los volantines, de la palmera en la playa y de cómo Chile es un “país de reyes”. Pero no, hoy ni la Teletón se salva del juicio que quizá certeramente lee entrelíneas, que cuestiona, complejiza y nos encierra en una crítica viciosa perpetua.

No digo que vivamos anestesiados, ni que no tengamos conciencia crítica, cada vez más importante en estos tiempos. Digo que volvamos a la raíz del problema, a aquello que nos trajo aquí, lo que nos constituye como seres humanos. Llamo a que seamos consecuentes con aquello que debiera ser la fuerza principal de todos nuestros motores: una justicia de verdad, una verdad fundada en la fraternidad, una fraternidad basada en el amor.

Al otro lado del mundo, en África, me ha tocado ver ejemplos que me reafirman la importancia de lo simple. En el trabajo social con comunidades rurales en pobreza extrema, se ha demostrado que casi ningún sistema occidental de ayuda funciona, y que lo más sustentable y efectivo es sencillamente escuchar a los locales, darles solamente lo que ellos buscan y crecer en conjunto. Ser fiel al otro es también dejarlo expresarse, desde su realidad y su propia identidad. Es simple: amarlos y acompañarlos.

Volvamos a lo simple, defendiendo la vida siempre y no sólo algunas veces. Defender tanto la necesidad de libertad que buscan muchas mujeres vulneradas y embarazadas como también la vida del niño por nacer. Defender la vida, la justicia y la igualdad en todos los casos y para todo ser humano, sin seguir contradiciéndonos. En la defensa de la vida no puede caber la violencia, la tortura o las discriminaciones por edad, condición social, política o sexual. Es así de simple.

Volvamos a lo simple con un amor que no se capitaliza para obtener favores, justificaciones o votos de apoyo. Sino un amor que nace de la absoluta gratuidad de aceptar al otro como un legítimo otro.  La mayor simpleza se da en el amor hacia la persona que tengo al lado, como extensión a toda la humanidad.

Dejemos de una vez de lado todas las excusas que no nos permiten compartir más, abrazar más, crecer más, creer más, amar más. Dejemos de “acumular muebles” y aceptemos que estamos de paso en esta vida, arrojados a elegir entre sobre-vivir, vivir o finalmente con-vivir con los demás.  Nadie dijo que sea fácil, pero sí es simple. San Agustín lo expresó mucho mejor que yo: “Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor… Ama y haz lo que quieras”.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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