Columna de Copano: A 30 años de “Volver al futuro”, el futuro se fue

Por nicolás copano

Vi “Volver al futuro 2” antes que cualquier “Star Wars”. La primera la vi en VHS. La segunda y tercera en TVN. Pensar “Volver al futuro” es entrar a un Errol’s con “Batman Returns” en promoción en la revista/folletín donde estaba el ranking de juegos arrendados.

Y me encanta “Star Wars “pero “Volver al futuro” guarda un lugar especial en mi imaginación donde esta “Super Mario 3” y los “Tiny Toons” para siempre. Es el rincón donde uno es niño y todos los lugares son gigantes, donde las tardes son eternas y la única preocupación era sacarse un 7 en la escuela. Eso es la infancia. Eso es Michael J. Fox eterno sonriendo. Eso es volver al futuro.

Un primo tenía el juego de video para Nintendo, que era malo, pero era de “Volver al futuro”. Jugué con amigos del barrio a “Volver al futuro”. Cuando en Chile habían Texaco deliraba con que algún día la tecnología llegaría a la esquina del barrio en esa forma: la de una araña robot gigante que cargaba autos voladores. Con pizzas Hut enanas que en el microondas se agrandan. Con carreteras en el aire.

No llegaron los autos voladores. Es más, se quedaron en el piso atochando calles y sin lugar incluso donde estacionarlos. No hay patinetas voladoras. Lo que sí llegaron fueron los drones que sacan fotos y aparecen en los diarios. El fax para despedir a Marty no está en tiendas, por que los fax desaparecieron para siempre. Michael J. Fox no lucha contra el tiempo, lucha contra el mismo. Nosotros estamos más viejos.

Nosotros estamos en el 21 de octubre de 2015 y nuestros enemigos son menos parecidos a los de la guerra fría. Los enemigos somos nosotros mismos con la destrucción de la humanidad.

Lo más loco de pensar que un 21 de octubre de 2015 iba a llegar el futuro era que les parecía a los autores del guión mucho tiempo. Y que el mundo iba a cambiar radicalmente. Lo único que esperamos es eso y que el tipo que está armando baterías con Tesla Motors les ponga un botón para que de una sola vez flote ese pedazo de latón que a cualquier extraterrestre asustaría llamado auto.

 Algunas cosas acertaron: la cultura japonesa se hace permanente día a día y las secuelas de las películas no tienen fin (saludos “Tiburón 19”) ademas de Facetime y Skype, los lentes inteligentes y la realidad virtual.

Lo que no descubrió “Volver al futuro” es que a pesar de estar rodeados de pantallas nuestros tipos de protagonismos son distintos a los que pensamos en cierto momento de la historia: sólo los youtubers están dispuestos a vivir el reality show de la exhibición a cambio del amor de un público casi secuestrador y por tanto exhibirse en cámaras es algo que “editamos” de alguna modo. La gente prefiere el audio de WhatsApp que el Facetime, como un último rincón donde esconderse, donde no mostrarse desnudo. Instagram es un mundo donde nosotros mostramos lo que queremos.

Todas las películas de “Volver al futuro” dibujan la esperanza de controlar tu destino y poder reparar los errores cometidos. La vida no es así en general, las máquinas del tiempo tienen que ver más con los actos y los arrepentimientos. Tienen que ver con las personas más que con los condensadores de flujo. Y eso es infinitamente más complejo hoy que la física.

“Volver al futuro” es parte de la identidad millennial. Es una clave de ADN: una historia de amor donde un chico asistido por un científico cambia su destino, y donde cada decisión, en un mundo donde nadie quiere tomar una, es una hermosa fantasía.

Yo creo que “Volver al futuro 2” es la mejor de las tres porque dibuja el mañana de una manera luminosa en principio y luego oscura, pero ante todo nos promete que todos envejeceremos juntos y quizá perderemos pelo y ganaremos canas, pero le daremos aguante a la vida, en medio de jockeys que cambian de color y bares que tributan a los 80, que cada día más se parecen a los 90 y a nuestra ingenuidad que invita a ir más allá. Gracias por tanto Robert Zemeckis. Gracias por esos minutos que no volverán.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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