Columna de Hugo Tagle: ¿Por qué nos cuestan los viejos?

Por P. Hugo Tagle M.

Brutal el video que circula en las redes denunciando un cobarde maltrato a una abuela en un hogar de ancianos de Maipú. Esto pone nuevamente sobre el tapete el trato vejatorio que sufren cientos de personas de la tercera edad en Chile. La verdad, esto es sólo la punta del íceberg de una forma de tratar a las personas mayores que deja mucho que desear en esta copia feliz del Edén.

Nos cuesta el buen trato a la gente mayor. Se nota en las reuniones familiares, encuentros sociales, espacios públicos. “Dime cómo tratas a las personas mayores y te diré cómo eres”.

El trato a la gente mayor, a los niños y enfermos es un buen indicativo del carácter y sociabilidad de las personas. Se debería incluir en las evaluaciones de personal, para contratar gente. Normalmente, quienes tienen dificultades con la gente mayor, no tienen buen trato con nadie. El trato con los mayores es una buena escuela de sabiduría, paciencia, templanza, serenidad.

El maltrato puede ser también sicológico, sexual, patrimonial, estructural, por negligencia o por abandono, por lo que no es sólo el que  resulta más visible y chocante, como el físico. Es más. A veces el maltrato sicológico como garabatos, palabras hirientes, amenazas, resulta más duro y deja una herida mayor que un golpe.

Muchas veces el adulto mayor siente que no puede denunciar a un hijo, familiar o persona cercana, porque depende de ellos en algunas materias, como vivienda o comida. Tanto más cruel resulta entonces la violencia, dado que es casi una extorsión.

Nos cuesta asumir la edad dorada. Un primer buen ejercicio es hacerse a la idea que todos llegaremos a viejo. “Jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será”, dice Unamuno.

Un buen antídoto contra la vejez prematura es estar aprendiendo siempre; cultivar viejas amistades, practicar un hobbie, cultivar algún arte olvidado. Quien busca mantener el alma joven estudiando, caminando, conversando con otros, participando de algún grupo, lo logra. La vejez no es una tragedia.

“Envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”, dice el gran Bergman, cineasta. En efecto, quien envejece bien, vive dos veces y vive mejor.

Saber envejecer es la obra maestra de la vida. Y lo más importante: una buena vejez se vive mejor si existe un buen contacto con Dios, se cultiva la oración personal y comunitaria. Si es mayor, participe de su comunidad eclesial; hágase amigo de Dios para que, cuando se encuentre con Él, no se encuentre con un extraño sino con un buen amigo, quien lo ha estado esperando toda la vida.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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