Peregrinas recuerdan su viaje a Roma y valoran legado de Padre Hurtado

María Angélica Palacios y María Gajardo. Dos historias que simbolizan una férrea creencia.

Por Lucía Díaz

Como “un ambiente impresionante, un fervor único en medio de tantos chilenos que se encontraban en Roma, todos unidos como pueblo como si nos conociéramos de siempre”. Así recuerda María Angélica Palacios (52) -mujer que ha estado ligada desde su juventud a las comunidades de vida cristiana- el día de la canonización del Padre Alberto Hurtado en la plaza de San Pedro.

Su marido fue el nexo para que se interesara en la obra del Padre Hurtado, ya que él junto a su familia han estado ligados toda su vida a la espiritualidad jesuita, que ella define como “un legado maravilloso, que hace referencia a un Dios misericordioso con su prójimo, algo que se ha quedado grabado a fuego en mi vida”.

A su vez, María Gajardo (62), funcionaria del Hogar de Cristo, quien lleva 44 años de servicio en la hospedería, coincide con el sentimiento de unión que se vivía en Roma: “Estaba plagado de banderas chilenas que se unían por una emoción común”, señala la trabajadora que ha formado su vida en torno al hogar, pues se casó y tuvo sus hijos allí.

Legado: modelo de vida justo
Para ambas, resulta importante recordar el rol de la justicia social que encarnaba nuestro santo, entender que nada de lo que hagamos estará bien mientras no seas justo con el otro.

“Ver en los ojos de todas las personas que tenemos al frente a Cristo, es una tarea difícil pero ese es su legado principal”, manifiesta María Angélica.

Desde la vereda de la principal obra del Padre Hurtado, María Gajardo agradece haber vivido todo este tiempo bajo un modelo de vida justo, que se basa en brindar apoyo a los más necesitados. “El legado social que dejó el padre es muy lindo, aquí hacemos un trabajo de contención a mujeres que enfrentan un difícil momento”.

El viaje a Roma

A María Angélica se le viene a la cabeza todo el revuelo que se ocasionó por la canonización del Padre Hurtado, las promociones de las agencias de viaje, la prensa y el boca a boca de cristianos que anhelaban presenciar aquel momento. Bajo este contexto, ella junto a su marido decidieron viajar, pues “es una persona que si bien no conocí personalmente, yo sé que es parte de mi historia, mi suegro trabajó con él, yo conozco sus frutos y sus obras”.

La pareja estuvo presente en todas las actividades que se realizaron, vigilia, canonización y misa posterior. En esta última, todos los asistentes debían hacer una fila enorme para ingresar a la iglesia, sin embargo, en un acto que define como “regalo de Dios”, un sacerdote les ofreció llevar las ofrendas y subirse al altar a mostrar el tríptico que reflejaba la imagen de Santa Teresa de los Andes, Alberto Hurtado y Laura Vicuña.

“Esto de llevar a las alturas a una persona que se la jugó por el prójimo sin esperar nada a cambio, una persona que le daba lo mismo llevarse mal con otros con el fin de hacer el bien, es maravilloso (…) es impresionante tener un santo tan cerca” señala.

Asimismo, la funcionaria del Hogar de Cristo considera el viaje a Roma como la mejor experiencia de su vida: “Cumplí un sueño que era impensado, fue una bendición de Dios y del Padre Hurtado”.

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