Alcohol, droga y suicidios dispara la tasa de mortalidad en EEUU

Algo terrible sucede con los estadounidenses blancos de mediana edad. Algo que no pasa entre la población de otras edades ni en otro grupo racial. Tampoco en sus semejantes de otros países ricos. Su tasa de mortalidad está creciendo, no disminuyendo. Y lo hace hasta unas cifras que, en la época actual, solo pueden compararse con los efectos del VIH/sida.

Por afp

La mortalidad en los estadounidenses blancos de mediana edad caía desde 1978, pero un estudio publicado el lunes revela una sorprendente inversión de tendencia desde hace 15 años debido al abuso del alcohol, las drogas y los suicidios, sobre todo en los sectores más desfavorecidos.

Este cambio de la tendencia que borra décadas de progresos debido a los avances médicos y de la calidad de vida no ha sido observado en otros países ricos, como Francia o Alemania.

De la misma forma, tampoco se constata esta tendencia en los grupos étnicos de las mismas franjas de edad (45-55 años) en Estados Unidos, como los negros o hispanos, precisaron los autores, entre los cuales el británico-estadounidense Angus Deaton, laureado este año con el premio Nobel de Economía, profesor de la Universidad de Princeton (Nueva Jersey).

El trabajo fue divulgado en los anales de la Academia de Ciencias de Estados Unidos (PNAS).

Según los investigadores, se trata de una verdadera “hecatombe” con un balance comparable a la cantidad de estadounidenses que han fallecido debido al sida, 658.000 en total, desde la aparición de la infección, a inicios de los años 1980.

Aunque las tasas de mortalidad vinculadas a la droga, el alcohol y los suicidios aumentaron en todos los blancos de mediana edad, el incremento mayor fue constatado entre los que tienen menos estudios. Entre los que tienen solo el bachillerato o menos, la tasa de mortalidad vinculada a la droga y el alcohol se ha cuadruplicado en los últimos 15 años, mientras que en ese sector, los suicidios han aumentado un 81%. Los decesos provocados por enfermedades del hígado o cirrosis se han incrementado a su vez un 50% en el mismo periodo.

La mortalidad en general ha subido un 22% desde 1998 entre los blancos de mediana edad con estudios menos avanzados y, por lo tanto, los más vulnerables económicamente. Entre los que tienen algo de estudios superiores, la tasa de mortalidad varió poco, mientras que en aquellos con una licenciatura o más estudios, la mortalidad siguió disminuyendo.

– Más consumo de heroína –

Si la tasa de fallecimientos hubiera seguido disminuyendo en los últimos 15 años, como se observó entre 1978 y 1998, habría habido 488.500 decesos menos en este grupo de población entre 1999 y 2013, calcularon los investigadores.

Aunque este cambio de tendencia en la salud de los estadounidenses blancos no está totalmente dilucidado, estos economistas señalan el acceso cada vez mayor a los opiáceos desde finales de la década de 1990 como causa potencial del abuso de drogas.

Tras el incremento de los controles en la distribución de analgésicos a base de morfina, una cantidad creciente de estadounidenses que habían desarrollado una dependencia a estos medicamentos se ha volcado a la heroína, cuyo consumo aumentó un 63% entre 2002 y 2013, según las estadísticas oficiales.

El estrés provocado por las dificultades financieras también podría jugar un papel, sostienen los investigadores. El ingreso medio de los hogares de estadounidenses blancos de mediana edad comenzó a caer fuertemente a partir de finales de la década de 1990. El estancamiento de los salarios, que comenzó con la desaceleración económica de los años 1970, continuó golpeando más duramente a los estadounidenses sin estudios superiores.

A esto se suma la creciente incertidumbre sobre las jubilaciones, cada vez más dependientes de los vaivenes de los mercados financieros, y el hecho de que los estadounidenses no ahorran lo suficiente.

Esta mayor mortalidad coincide también con encuestas en las que desde hace unos quince años los consultados se refieren a un debilitamiento de su salud física y mental, así como a crecientes dificultades para afrontar la vida, algo que se percibe sobre todo entre los blancos de mediana edad. El estudio constata también que en 2013 el doble de personas en este grupo afirmaba sufrir dolores crónicos y problemas hepáticos, en relación a 1999.

La proporción de los que afirman no poder trabajar también se duplicó en el mismo periodo.

 

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