Columna de Vasco Moulián: “Espías del amor”, Cupido por internet también da rating

El amor de pareja es uno de los sentimientos más puros y lindos que uno puede sentir a lo largo de la vida. Y por lo mismo creo que con eso no se juega. Por eso esperé con ansias y una pizca de morbo ver el pasado martes 27 de octubre el debut del programa de telerrealidad de Chilevisión “Espías del amor”, espacio inspirado en “Catfish” de MTV.

¿Por qué mis ansias por ver el programa? Porque siempre había escuchado en reuniones de amigos que alguno contaba la historia de un conocido que tenía una relación por internet y quería comprobar mis aprehensiones al respecto con el programa.

Ya que soy medio reticente a creer en una relación a través de las redes sociales que no implique conocerse personalmente, eso me daba lugar a muchas dudas que con el correr ya de dos capítulos de “Espías del amor” las tengo resueltas.

El programa en sí me gustó, es ágil, dinámico y uno engancha con las historias, porque crean la ilusión al comienzo de que pueden terminar siendo lindas historias de amor.

Y al parecer a la audiencia eso le gustó porque los ha premiado con el rating, tanto en el debut del 27 de octubre con 18,8 puntos de promedio y peak de 21, y el martes 3 de noviembre con 19,4 de promedio y peak de 23. Dichas cifras pelearon punto a punto con las turcas de Mega y aunque salieron segundos están a tiro de cañón de alcanzarlas.

En la conducción Julio César Rodríguez está sólido y va hilando con maestría las historias y dando el pase a los noteros que se llevan la mayor parte de la pega en el programa, Marcelo Arismendi y Andrés Alemparte, que son quienes viajan y averiguan si el famoso “Romeo” o “Julieta” es de verdad o simplemente una triste mentira. Los noteros destacan por su empatía y buena onda, lo que los hace ganarse la confianza de los participantes.

Aunque la mayoría de las historias han terminado desenmascarando falsos romances e ilusiones rotas, hay un par que me llegaron y que vale la pena contar. Del capítulo debut rescato la historia de Isabel (61), quien tenía una relación virtual con Orlando, un joven moreno de República Dominicana.

Ambos se engañaron en la edad, mientras ella se quitó bastante edad, el chico se aumentó. Mentiras menos y mentiras más, aceptaron sus realidades y supuestamente siguieron su relación.

Mientras que del segundo capítulo me dio pena la historia de Ann Marie, una porteña que juraba estar pololeando con el guapo Diego y que finalmente terminó siendo una mujer llamada Romina.

Haciendo un pequeño balance de los dos programas que van, creo que la suma es positiva. Se entrega un buen producto, entretiene y destapa una realidad oculta, quizá cuántos amigos o conocidos tienen una historia similar y por miedo al ridículo la esconden y no la cuentan.

A tener más ojo con internet, no todo lo que brilla en las redes sociales es oro.

Moraleja: prefiera el amor en persona, es de verdad y aunque le pueden mentir igual, al menos se lo dicen mirándolo (la) a la cara y no por internet.

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