Los científicos chilenos golpean la mesa y cuentan qué los tiene indignados

Una institucionalidad clara, más recursos e influencia en las toma de decisiones técnicas, en beneficio del país, son algunas de sus demandas al Gobierno.

Por Fabiola Romo

Una carta abierta de la comunidad científica, firmada por más de 300 expertos de diversas disciplinas, fue el llamado de atención a las autoridades, que también se hizo notar en las redes sociales. “Nuestros gobiernos han elegido la ignorancia. Han elegido ignorar las voces de la comunidad nacional e internacional y con sus decisiones sumirán también al país en la ignorancia y la pobreza, en el más amplio sentido de la palabra”, dicen los científicos chilenos.

¿Qué los tiene tan indignados?

La directora de la Fundación Más Ciencia, Katia Soto, critica la falta de un liderazgo que permita sacar el máximo provecho a los recursos y la imposibilidad de muchos profesionales de insertarse en el país para trabajar en ciencia. “Nos molesta que no exista voluntad del Gobierno para tomar en serio la investigación que se realiza en Chile. Ya ves lo que pasó con el puente en el Río Cau-Cau, el trabajo lo ejecutaba una empresa española, teniendo tan buenos investigadores en términos de infraestructura en nuestro país”, explica.

En tanto, Sebastián Pérez, astrofísico de la Universidad de Chile e investigador del núcleo milenio MAD, sostiene que la innovación en ciencia y la tecnología son los motores de la economía del siglo 21, pero que pese a ello ningún político habla de ciencia, donde se invierte menos del 1% del PIB.

Pese a las trabas organizacionales y de financiamiento, la comunidad científica chilena es altamente productiva y valiosa, contando incluso con más publicaciones ISI por número de habitantes que en Argentina y Brasil, afirma Pérez. “Sin embargo, hemos alcanzado un punto de saturación en el cual el Ministerio de Educación no puede seguir jugando el rol de un ministerio de ciencia y tecnología, ni tampoco podemos arreglárnolas con 0.7% del PIB, lo cual no alcanza ni para acoger de vuelta a los cientos de investigadores jóvenes enviados al extranjero (¿inversión perdida?). Este es el momento de debatir, diseñar y ejecutar un nuevo planteamiento centrado en la investigación y el desarrollo de una ciencia con más inclusión social”, agrega.

En ese contexto, el bioquímico y director del Centro para la Comunicación de la Ciencia de la  Universidad Andrés Bello (UNAB), Gabriel León, señala que Conicyt no está siendo el mejor lugar para administrar la ciencia. “Necesitamos una institucionalidad nueva ya sea una subsecretaria o ministerio con un plan claro y que cuente con presupuesto. Mucha gente puede entender que los científicos quieren más plata, pero no es asi. Necesitamos una instancia que defina las áreas prioritarias y vea cómo apoyar a los estudiantes de post grado para reinsertarlos”, dice.

La salida de Brieva

Efectivamente, en cuatro años la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt) ha tenido tres líderes, lo que evidencia al menos un problema en la continuidad. El último presidente de la entidad dependiente del Ministerio de Educación, Francisco Brieva, renunció luego de seis meses sin recibir remuneración alguna. “Lo que más molesta es el despelote en Conicyt. Cuando el consejo asesor presidencial se reestableció, nadie tomó en consideración las implicancias que iba a tener; Brieva estuvo sin sueldo por un problema administrativo; Hay mucha rotación de personal, porque las personas no están contratadas o trabajan a plazo fijo. Uno llama por teléfono y nadie contesta”, afirma Gabriel León, quien califica al ex presidente de Conicyt como un tremendo científico, que podría haber hecho un cambio notable.

Lo más indignante, para la comunidad científica es que los chilenos que se dedican a la investigación tienen grandes capacidades y muchas veces son alabados por sus pares extranjeros, pero en Chile no se les considera en asuntos donde su aporte podría ser significativo. “No se escuchan las advertencias de la comunidad científica y quienes toman las decisiones son los economistas”, explica Katia Soto de la Fundación Más Ciencia.

Y es que para eso estudian los científicos, para resolver problemas: en uso de agua, en agricultura, en pesca, en energía, en minería y en muchas otras áreas. “Es importante que quienes tomen las decisiones estén informados. No sé cuántos asesores en el Congreso son científicos”, dice Gabriel León de la UNAB.

Por eso, la comunidad científica chilena clama por un ministerio o una subsecretaría que administre eficientemente un presupuesto propio, dándole a la investigación un lugar preponderante en el desarrollo del país.

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