Columna de Andrea Zondek: Derecho al traslado; mi derecho es tu derecho

Hace unos días al Ministerio de Transportes dio a conocer la nueva flota de buses que se sumarán al Transantiago. Estos poseen -como subrayaba el comunicado ministerial- “zonas destinadas para personas con movilidad reducida (asientos, rampas y espacio de silla de ruedas) destacadas en color naranja, de manera que los pasajeros identifiquen, respeten y cedan estos lugares a aquellos que lo necesitan”.

Voy a aplaudir cualquier iniciativa que dé dignidad a las personas con discapacidad. Más aún si se respeta el derecho al transporte. No porque lo diga yo, sino porque es un derecho estipulado en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas: “Los medios de transporte público deben ser accesibles para todos, incluidas las personas con discapacidad”.

Para nadie es sorpresa que en Santiago y, especialmente en regiones, el derecho al transporte no es un derecho para todos. Nos hemos olvidado que el Metro, la micro, el colectivo e incluso el taxi, deben ser un medio para llegar a nuestro destino. Sin embargo, para miles de familias y personas con discapacidad, se convierte a veces en un obstáculo inquebrantable.

¿Por qué? Para acceder al transporte se deben tener los recursos económicos (nosotros no creemos en la evasión) y para esto, contar con un trabajo es vital. Por eso, para quienes han visto nuestro video publicado en el sitio web de Fundación Tacal, es claro que de nada sirve tener ascensores para acceder al Metro o micros con espacios definidos para personas con discapacidad, si a fin de mes no se cuenta con el dinero para pagar la tarjeta Bip!, el pasaje o el boleto.

Es cruda esta realidad. Sí, lo es. Me hace pensar que planificamos las ciudades, la infraestructura y la urbanidad sin darnos cuenta para quién es y a quiénes sirve. Y lo que es peor, la pensamos sólo para aquellos que no tienen ninguna condición de movilidad reducida. O sea, ciudades para algunos y no para todos. ¡Eso es exclusión!

Esto sin considerar -como indiqué hace un tiempo-, que los espacios  para que las personas con discapacidad ejerzan su derecho al desplazamiento, los copamos. Olvidamos el asiento preferente, el espacio para sillas de ruedas en el Transantiago o el ascensor en el Metro. No nos damos cuenta que dos millones de chilenos también tienen derechos, que son vulnerados a diario por nosotros mismos.

Tanto o más grave es que estas oportunidades, son sólo para los capitalinos. En regiones, las personas con discapacidad siguen sin ejercer sus derechos; sin acceso a algo básico, a elegir dónde y cuándo quieren movilizarse.  

Por eso, el llamado es a ver Chile y las personas diversas que tiene nuestro país de norte a sur, de campo a ciudad, de mar a tierra. Debemos partir por descentralizar los avances capitalinos, no sólo tener un Transantiago, sino apuntar a un Transarica, un Transpuntarenas; y ¿por qué no? aspirar a un Transchile.

Que la inclusión sea parte del ADN del país. Que las calles, los paraderos, las esquinas, incluso las angostas ciclovías estén hechas también para personas con discapacidad. Pero, especialmente, que este ADN esté en cada chileno, para mirar al que está al lado con respeto, para tener claro que mi libertad llega hasta donde parte la libertad del otro. Para asumir sin prejuicios que mi derecho, también es tú derecho.  

Fundación Tacal imparte cursos gratuitos para personas mayores de 18 años con discapacidad. www.fundaciontacal.cl; F.: 227351969 – 227370118; Adolfo Ibáñez 469, Independencia.

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