La particular pelea por un número en el Registro Civil de Las Condes

Un gran número de usuarios, largas horas de espera y haber perdido el lugar de atención, muchas veces encienden los ánimos de quienes esperan su turno.

Por Nathaly Lepe

Quedan dos días para obtener el pasaporte con el precio antiguo -de $49.600 subirá el día lunes a $89.600- y en varias oficinas, en particular en las del sector oriente de Santiago hay muchas personas esperando obtener el documento. 

Tanto es el interés de obtenerlo, que la espera, por ejemplo, en el recinto de la comuna de Las Condes puede tomar hasta cuatro horas. Y aunque la atención es expedita y los funcionarios trabajan a toda máquina para recoger los datos de los usuarios, las horas pasan lenta y tediosamente. 

En ese escenario y sabiendo que habrá que esperar, muchas personas optan por tomar el número y salir a realizar otros trámites, calculando un tiempo aproximado para regresar. 

Sin embargo, a veces los cálculos no son certeros y al regresar el turno se ha perdido.

Eso mismo fue lo que ocurrió cerca del medio día en la oficina de Las Condes del Registro Civil, cuando un joven llegó apurado hasta el subterráneo donde se encuentra el centro de atención y notó que su número había quedado atrás, unas 20 personas atrás. 

Con gentileza se acercó a un funcionario y le pidió una solución, tratando de ‘saltarse’ la fila. En eso estaba, cuando más allá otro usuario puso atención a la solicitud y salió a reclamar al joven por lo que pretendía hacer.

Primero, en buenos términos, el que estaba retrasado fue increpado por el otro usuario, pidiéndole que tomara un nuevo número. “Todos llevamos mucho rato esperando y no me parece que si saliste, te saltes al resto”. 

Pero de a poco se fueron levantando la voz, generando una insólita discusión, donde ambos reclamaban la larga espera y lo temprano que habían tenido que llegar para tomar un número. “Yo llegué a las nueve y todavía no me atienden”, “yo llegué a las ocho y media”, decía el otro. 

En medio del entuerto, la funcionaria sólo atinaba a entregarle un nuevo número a quien había perdido su turno, como una manera de evitar que la pelea pasara a mayores y que más usuarios que esperaban su atención se sumaran a los reclamos. 

El joven que perdió su turno, resignado recibió el papel y de tener el 122, ahora tenía un número sobre el 300.

Reclamando al aire se retiró de la oficina, mientras el otro participante de la pelea relataba triunfante a su amigo que no había permitido al otro usuario “pasarse de listo”. 

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